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¡Mucho gusto!

No quizás, sino de hecho te preguntarás: “¿Quién es esta que me viene a hablar de sus aventuras matrimoniales?”. Bueno, pues, me presento: mi nombre es María José, pero la gente me suele decir “Majo”. Cuestión de ahorrarse dos sílabas, cuestión de confianza… como diría el Chavo del Ocho, beto a saber. Yo simplemente soy, para los amigos y para ti, La Majo.

Comencé a escribir sobre temas del Orinoco, que tú no sabes y yo tampoco, en http://madeinmajo.wordpress.com. Luego, me ganó la vida y me mantuve en silencio durante dos largos años. ¡Demasiado tiempo! Dejé de lado el sueño y traje de vuelta mis sueños, y aquí estoy. Continuaré con mi hijo madeinmajo, pero estoy dando a luz otro, Matriaventuras. ¿Por qué? Pues porque me acabo de casar y esto es algo tan alucinante que no puedo dejar de compartirlo en su propio espacio.

Creo que es de justicia aclarar que otra de las razones de este blog es que mi relación con Raúl, mi esposo, fue, es y sigue siendo toda una aventura. Si quieres enterarte, sigue leyendo. Si no, sigue leyendo tu mail, tu facebook o continúa en lo que estabas. Te recomiendo que te quedes… estará bueno esto.

Él es español, yo soy peruana. Él fue, en tierras oscenses, un aburrido funcionario. Yo soy una hiperactiva comunicadora mil oficios. Él tiene la paciencia de San José… yo tengo la impaciencia de una rana. Y así caminamos por la vida juntos desde un 23 de agosto de 2009, porque fueron justamente nuestras marcadas diferencias -y el plan de Papá Dios, he de reconocer- los que nos unieron y hacen que hoy, mientras escribo estas líneas, él esté tratando de preparar una ensalada mata-hambre que nos llene el buche antes de dormir.

Nos conocimos en una página web, www.solterosdelavemaria.com. Sí, exacto, somos católicos y queríamos conocer católicos… pero de nuestro país. No, no era por falta de “recursos nacionales”. En ambos casos fue, digamos, por curiosidad. Tal es así que 3 años después de inscribirme, cierto aburrido domingo de marzo decidí ver qué novedades había. Y me encontré con él… y nueve más. Por supuesto, les escribí a todos un par de líneas para probar suerte. Tic tac, tic tac… 4 meses transcurrieron antes de recibir la respuesta de THE ONE. En el interín, él estuvo con novia, yo tuve algunos amagos románticos y así, una soleadísima y extenuante tarde, refundida en la selva peruana por cuestiones de trabajo, el internet satelital de la zona me envió un mail con, exactamente, línea y un cuarto. Era él preguntándome si todavía seguía disponible. Comenzamos a chatear. Era algo aburrido el muchacho, y encima días después me envió un correo, cuando yo ya había vuelto a Lima, para decirme unas burradas acerca de por qué no podríamos estar juntos nunca. Bien jaliscamente, le contesté y a ver, pues, si puedes contra este poder en miniatura (mido escasos 1.52 m). Más que contarnos nuestras virtudes, hablamos de nuestros defectos y handicaps. Total, que terminamos como grandes amigos. Amigos simplemente amigos y nada más. Mientras él se carteaba con no sé cuántas, yo salía con un tipo simpaticón que resultó teniendo media neurona activa. Pobre muchacho. Aproveché una pelea tras la cual me dijo “creo que no debemos vernos un tiempo” para zafarme del asunto. “Sí, sí, claro, es lo mejor”. Bloqueo automático y cerrado el tema. Raúl seguía siendo parte de mi día a día, porque siempre encontrábamos la forma de hablar; hasta que una noche, manejando mi auto rumbo a casa, el disco sonó. “Quién diría, que daría mi vida por ti…”. Uy, uy… me estaba gustando… no, peor… me estaba enamorando. Majo, usa la razón. Está muy lejos, it´s impossible. Pero impossible is nothing, dicen los publicitarios de don Adi Dassler, y decidí conquistarlo, sacarle el compromiso de iniciar la relación. Viejos tiempos aquellos de esperar en el balcón. Salí a la carga y poco caso me hizo. Tenía demasiado miedo de perder (él). Yo, ninguno, ¡había perdido tantas veces en la vida! Una mañana, como de costumbre, me despedí diciéndole “te quiero”. Y como ya se había hecho costumbre, esperaba su silencio. Pero no. Contestó “yo también”. My God. Asumió el riesgo y para adelante.

Lo que vino después fue conocernos cara a cara, en diciembre de ese año, luego de Navidad. La nerviosa espera en el aeropuerto de Lima, la llegada de un valiente que luchó contra todo y contra todos para venir a comprobar que esto era más que un sueño de dos chicos con su globo en el parque. Una segunda venida -en la cual me pidió matrimonio-, una tercera venida -con hermano incluido-. Una ida a España mía, sacada bajo la manga, que terminó en un “tú y yo solos contra el mundo”, mientras mi papá en Perú casi perdía la vida. Decidimos que fuera yo a vivir a España y casarnos. Postulé a N becas y ninguna salió. Resultado: sí, tuvo que venir él. Negado al principio, no quedaba de otra. Pasó un año desde su viaje definitivo antes de casarnos. Fue un año en el cual nos conocimos al punto de reafirmar que éramos, nada de “y si fuera ella”, ya estaba la cosa hecha. Y, valgan verdades, estaba hecha por Dios. Todo lo que tuvimos que pasar para mantener la relación y no dejar que nadie nos separara fue muy fuerte. Si Papá con P mayúscula no hubiera estado ahí… yo no estaría en esta cama, ni con este aragonés personaje al lado mío. Qué bendición.

Poco a poco te iré contando más detalles -los jocosos y alguno que otro penoso, para que veas que se puede salir adelante siempre- de este tiempo a su lado. Por ahora, baste esta pequeña síntesis. La ensalada me dejó con hambre pero el amor que le puso llenó el corazón. Barriga llena, corazón contento, dicen. En este caso, “barriga vacía, corazón conmovido”. Suficiente. Total, siempre habrá pan o galletas para consolarla.

5 comentarios en “¡Mucho gusto!

  1. Después de leer esto que escribes parece que hubiera escuchado tu voz. Escribes como hablas a diferencia, como alguna vez lo dijiste en clase, del tío P. Butters. Éxito en tu nuevo blog. Deberías llevarlo a matute para darle un caluroso sentimiento grone.

    1. Gracias, Nerito. Ya habrá un post sobre el amor y el fútbol… pues ahora resulta que mi corazón también es blaugrana por culpa de mi esposito. Es parte del cau cau. La pasión alcanza a todos, je!

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