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Raúl descubre la cocina

Mi esposo es una especie de homo sapiens sapiens de la cocina. La ha ido descubriendo por necesidad, pero solo para cubrir sus necesidades básicas: comer. Siempre le dio igual si lo que tenía en el plato era pasta, cebolla, tomate… la idea era callar la tripa y ya está. Eso, claro, en su etapa de soltero, y en nuestros primeros meses de casados.

Sin embargo, el viernes pasado, 28 de diciembre de 2012, su vida -nuestra vida-, cambió. Por primera vez, se atrevió a hacer algo más que una ensalada, algo más que hervir fideos… preparó el primer guiso de su historia vital.

Por cuestiones de trabajo, me había ido yo fuera de Lima. Llegué a las 9 de la noche, cansada, ojerosa, pero con la ilusión, como siempre, de verlo. Cristina y yo lo extrañamos mucho cuando pasamos más tiempo fuera de casa de lo habitual. Solo quería abrazarlo, suficiente. Pero me recibió con un suculento -y un poquito quemado, hay que ser sinceros- guiso de cebolla, tomate, otras verduras y fideos -algo de su pasado tenía que dejar, pues-.

– Cari, te he hecho comida… no sé si te guste, se me ha quemado un poco.

No era broma de día de los inocentes aunque, a decir verdad, a Piqué le creí más el cuento de que había nacido su hijo con Shakira. Lo vi con mis propios ojos. Y lo mejor de todo… estaba muy rico. 

Hoy, nuevamente hambrienta -esto del embarazo es un jaleo en el apetito-, me dio otra sorpresa. “Cari, he hecho lomo saltado”. What??? Eso ya era demasiado. ¿Raúl Hidalgo haciendo lomo saltado? Pero no era 28 de diciembre. 

Efectivamente, había puesto internet, tutorial “cómo no morir de hambre cuando tu esposa no está”, y listo el plato. En una de las pocas cosas que falló fue en la cantidad -alcanzaba solo para uno-, pero una buena ensalada de tomate aplacó las iras estomacales. Incluso azúcar le había añadido. De aspecto, terrible; de sabor, buenísimo. Mi marido ya está listo para sobrevivir en la jungla mientras yo doy de lactar, cuando nazca la pequeña, y lo mejor de todo es que me podrá alimentar a mí… qué alivio para el mundo.

PD: Te amo, Raúl, pero me he quedado picona porque pensé que habías hecho el lomo tras innumerables noches observándome… ya se ve que internet cocina mejor que yo, ja, ja.

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