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Otras formas de volar

Cuando lo vi partir, sentí como si dejara ir a mi hijo en su primer día de colegio. Sé que no es mi hijo, que es mi marido, pero ambos nos sentimos y actuamos uno respecto al otro como niños y padres a la vez. 

Raúl comenzaba su primer día de trabajo en un nuevo lugar. Después de mucho buscar y rezar, y por supuesto de agradecer a todos los que nos tendieron la mano alguna vez, logró subir un escalón más. No sabía bien cómo llegar en bus y le ofrecí llevarlo hasta cierta avenida, para luego ir a misa. Nos estacionamos y analizamos la ruta en el siempre salvador google maps. Como es usual, él con el cerebro locativo más encajado, encontró la mejor forma de llegar y fuimos felices. Pero la felicidad se me escapó cuando me dijo: “Me da pena dejarte aquí solita”. ¿A él le daba pena? ¡Yo era la que quería llorar! Verlo con su mezcla de temor-ilusión, su incertidumbre y su lonchera, me mataron. Para él nunca fue fácil dejar España, y observar cómo se subía apurado a su S “Todo Ejército Brasil”, fue demasiado. Me contuve y arranqué. Ya Dios nos había premiado suficiente como para ponerme a llorar y me dirigí más bien a darle gracias.

Ya en la noche, le dije lo que había sentido. Se rió. Y luego, con voz de chiquilla tonta, le conté que al salir de la iglesia, me empecé a sentir mal -angustias matutinas, le llamo-. Me encontré con dos escalones y no me atreví a bajarlos porque me había quedado sin aire. Valor, valentía, Majo, tú puedes. Los bajé. Pedí en silencio a mi mamá y a mi esposo y un kleenex, porque quería moquear del susto. En fin, pasó. Al acabar mi relato, Raúl me miró y susurró: “Cuando te vuelva a pasar, recuerda que tienes dos ángeles custodios. El tuyo y el de Cristina, que se debe llamar Cristino, y que ambos te cogen de los brazos para que no te caigas nunca”. Pucha, me canceló.

ImagenDos ángeles, cero miedo, mucha confianza, fe plena en que todo saldrá bien y en que nunca estaré sola. Pinta de cuerpo entero a mi Raúl, a casi un año de habernos casado. El hombre valiente con el consuelo humano y la descomplicación divina. Si mañana se me ocurre creer que me caeré, pensaré que más bien voy a empezar a volar.

 

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