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Madre de tres… meses

Cuando nació Cristina, un día como hoy hace 3 meses, una buena amiga me dijo que también había nacido una mamá, o sea, yo. A decir verdad, asumí mi rol desde el primer día en que me enteré de que estaba en mi barriga el primer fruto del Proyecto Hisaca – Hidalgo Salazar Compañía Anónima-, pero definitivamente el mundo dio la vuelta olímpica cuando oí el “ñee, ñeee” de mi propia hija.

Como siempre lo ha sido en estos 9 + 3 meses que estamos juntas, Cristina es de las que están un paso adelante. Corregida y aumentada, dicen. Cuando estaba embarazada, leía en internet “tu bebé a las X semanas” TODAS y cada una… y siempre terminaba aburrida, “ya la”, ya sentí las patadas, ya tiene hipo, ya lo que me cuentas no es novedad. Mi bebé ya había aprendido a vivir lo que le tocaba y algo más. 

Hoy, que cumple 3 meses, puedo decir lo mismo. Su crecimiento orgánico, según el Dr. Tato, es normal, pero la madurez emocional necesaria para afrontar el reto de vivir, que no es poco, la tiene estudiada, subrayada y hecha mapa conceptual.

Mi niña sabe que su mamá llega en la tarde y es la hora de jugar en la tina de baño, de dormir, de los mimos y de hacerle huequitos a su casaca de plumas. Sabe que cuando tiene gases, no vale llorar sino buscar la posición correcta, porque mamá y papá estarán con su Gaseovet siempre listo. Que su cuna es tan cómoda como mi cama, pero que a las 5 am a mami le provoca sentir su manito en la cara, y por eso duerme contenta y despaturrada en las dos. En fin, que la felicidad se encuentra en una canción y en la liberación del pañal, que papá saca mejor el chanchito que mamá y que cada experiencia nueva de vida tiene que ser plena, sin angustias… porque al final todo se soluciona con leche, sonrisas, agús y toda aquello que pueda ser inventable.

Yo, en cambio, no estoy a su altura aún. Yo me angustio ante lo nuevo, lloro cuando ella llora –sin que se dé cuenta, para no estresarla- y no soy capaz de asumir que cada día tiene su afán. Que una tarde la encontraré dormida y podré leer, y que otra estará despierta esperando a que la apapache hasta que llegue la hora de la novela. Me desespera que pase el tiempo y no haber hecho la cena o que no se vuelva a dormir rápido luego de sus biberones de la madrugada. Yo, la mamá de Cristina, que nació cuando nació ella, todavía no asumo mi condición de primeriza y  no entiendo que no tener el control de las cosas no es una dificultad, sino una oportunidad.

Mi hija empieza su segundo trimestre de vida, y yo me prometo hoy –tal como ella me “prometió” no volver a privarse en llanto otra vez-, disfrutar del “incontrol”. De las nuevas experiencias, de los nuevos aprendizajes y de las líneas que no aparecen en los libros sabelotodo, sino en el día a día de mi risueña, geniuda y guerrera bebé.

 Por cierto, hoy Cristina se sentó solita por primera vez. Ya nadie nos para. 

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