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¡Adelante, sin miedo, mami!

Todo lo que sube, tiene que bajar. El dólar, los ánimos, el ascensor… sin detenerse, una y otra vez, como el burrito de noria que da vueltas y vueltas, hasta que pasa a mejor vida o simplemente le cambian la función.

 

Desde que nos casamos, ese ha sido nuestro tango. En lo que es lógico, ley de vida -emociones, defectos, hábitos, recetas de cocina-, se entiende, se acepta y se actúa. En lo que no, en aquello a lo que no deberíamos acostumbrarnos nunca, no lo entendemos, no lo aceptamos y actuamos solo por necesidad, porque nos desalienta, nos frustra, nos cansa. Y, paradójicamente, nos llena de fortaleza -bendito Dios que saca del mal, bien-, pues cuando más bajo caes, más alto puedes llegar.

 

Cuando Raúl saca dinero del banco, lo mete en una destartalada bolsa de pan. Yo, cuando no tengo el auto y debo subir a una combi, meto mi laptop en un paquete lleno de basuritas entre las cuales pueda colarse. ¿Alguien piensa que se puede vivir así? Me rebelo, y me rebela más tener que ceder a mi rebelión, pero no queda otra pues no queremos más ladrones en nuestras vidas, al menos por un buen tiempo. 

 

En unas horas, estrenaremos una nueva matriaventura: el tercer depa en año y cuatro meses de casados. Con los bolsillos casi vacíos, hemos alquilado un lugar -esperamos que- seguro, donde nadie pueda violar nuestra intimidad familiar ni tocar las cositas de mi Cristina. ¿Puede haber algo más basura que meterse dos veces a una casa en la cual vive una familia que lo único de valor que tiene es el amor que se tienen? Porque no me dirán que unas prenditas de bijouterie y artefactos de media caña son tentación para alguien. Y ya solo con monedas tintineando, afrontamos ahora la última de la semana: vidrio del copiloto hecho añicos para robarse una insulsa bolsa de papel que tenía un juguetito de mi Titi… y su diario.

 

Miércoles, su diario. El diario de Cristina. De todo lo que hemos vivido y perdido, nada me ha dolido más que ese cuadernito que forré con tanto primor. La portada: ocho muecas de mi peque de un mes de nacida (¡y ya muecuda!). Las páginas: los logros, anécdotas, sinsabores -léase vacunas- y demás vericuetos de mi niña. 

 

Hecha la catarsis – exorcismo, que quisiera haber sazonado con una grabación de Natalia Málaga, puedo volver al principio, llenarme de valor, tragarme mis lágrimas, besar a mi bebé y decir: púdranse, ladrones. Aunque hayamos vaciado la cuenta de ahorros, nuestra familia tendrá siempre su hogar, su ohama. Mi Titi tendrá su pequeña zona de juegos, mi Raúl podrá ver su series tranquilamente en su sillón y yo compraré un nuevo cuadernito, volveré a imprimir los ocho gestos de mi hija y haré un resumen de sus primeros tres meses de vida. 

 

Si hay algo que he aprendido de mi esposo y de mi hija, es a levantarme. A secarme los mocos rápidamente, matar mi monstruo interior por unos minutos, respirar y, sobre todo, sonreír. Seguiremos siendo felices, mi Raúl y mi Titi. Mientras ustedes duermen, mami llora calladita para que no la vean. Pero cuando abran sus ojitos, todo será juegos de nuevo. Hoy, en la casa de mis papás, que generosamente siempre nos abren las puertas cuando más lo necesitamos (¡gracias!). Mañana, en la nueva Residencia Hidalgo Salazar Compañía Asociada, HISACA. Gracias, Señor, por esta nueva chance de ser más guerrera, como Titi, y más valiente, como mi esposo. Gracias, familia, por el apoyo. Rateros de m*$%&, gracias también, porque en medio de toda la porquería emocional que sembraron en mí, por ustedes abrí los ojos a la apremiante necesidad de ser una mamá de verdad. Imagen

0 comentarios en “¡Adelante, sin miedo, mami!

  1. Arriba los corazones!
    Me voy a ca.. en la madre que parió a los deficientes mentales que rompen un cristal para robar objetos de valor emocional incalculable y cero monetario.
    Esto con la Fuji no hubiera pasado. Hubiera pasado sustancias en avión presidencial, pero desde luego habría tenido mano dura ante la delincuencia, que parece que campa a sus anchas e impune.

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