Uncategorized

Perdóoooname… si hay algo que quiero, eres tú

Imagen

El perdón. El olvido. Perdonar es olvidar… perdono pero no olvido… ¿y dónde queda la memoria? Madre mía. Qué complicado.

Cierta vez, un chico me sacó la vuelta. Me fue infiel, mejor dicho, él le fue infiel a su novia y yo, sin saberlo, terminé siendo “la otra”. De novela. Le pregunté a una amiga muy sabia si ella creía que debía saludarlo cuando lo viera, aunque realmente lo que quería hacer era atropellarlo y dejarlo tirado en medio de la Panamericana Sur. Me dijo que perdonar no significaba tratarlo como si nada hubiera pasado –pero tampoco atropellarlo, je-, sino dejar el asunto atrás y seguir para adelante. 

Salto temporal hacia delante, que aún sigue siendo pasado: cuando Raúl y yo decidimos casarnos, el sacerdote que celebraría la misa nos dijo algo que en su momento no calibramos, pero que ahora consideramos uno de los pilares de nuestra relación matrimonial: “San Josemaría decía que el primero que debe pedir perdón, es el que lleva la razón”. What? ¡Pero si no lleva razón! En fin, ya se vería.

Hoy, un año y medio después de habernos matrimoniado y con los pequeños tropezones que la nueva vida de padres nos ha causado, estamos más que seguros de lo que el cura nos dijo. (Por cierto, hay sacerdotes muy buenos en este mundo, no les digan a todos “pedófilos”). La humildad, señores, es la virtud cardinal del matrimonio –humildemente afirmo esto, no está sacado de ningún libro, al menos que yo haya leído-.

Pedir perdón primero es lo máximo. Evitas todo mi primer párrafo, incluso el segundo. Lo que pasó, pasó, entre tú y yo, y ahí queda. Un beso, cosito, te quiero. Me friega en el alma que me pases el biberón muy caliente, o que guardes el pañal que acabo de sacar para cambiar a Cris. Pero te quiero y ya mejor conversemos acerca de la novela, que queda día por delante y estar peleados cansa, no deja reír, quita el hambre, hay que fingir el resentimiento, ¿y para qué? Para que al final igual haya que ver la forma de romper el hielo porque tampoco se puede estar así toda la vida, y menos aún con niños delante.

Al final, perdonar sí que es olvidar. Y cuando hay amor, la memoria a corto plazo sufre heridas colaterales cuya cura, felizmente, aún no se ha encontrado. Bien ahí. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *