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La vida en cuadritos

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“Estoy perdiendo mis habilidades, ¡buah! Me olvidé de esto, de lo otro, tuve que volver a la oficina porque no había terminado, ¡qué me pasa!”. Me lo dijo una amiga que tiene varios hijos. Pensé: “Pucha, yo me siento igual… ¡y solo tengo una! Madre mía… estoy hasta el perno”. 

Respiré. Ya mi vida estaba hecha cuadritos… de Excel. “Maletín de Cristina”, “Horarios Hidalgo Salazar”, “Menú de la semana”, “Amigas a las que llamaré hoy”, “Estrategias para conseguir plata y llegar a fin de mes”, “Proyectos”, “Lecturas de la semana” y especies del mismo estilo. Antes de eso, tenía mi cabeza como un bombo, de todo me olvidaba, me frustraba no alcanzar ninguna meta, no leer ni los titulares del kiosko y encima andar misia.

Ser madre no solo me cambió la vida, también me ha vuelto mujer-organizada-en-camino. No queda de otra, creo que hasta la más bohemia de las bohemias tiene un mínimo de cuadritos en su vida. Raúl, más ordenado, no cabe en su pecho de alegría porque de lunes a viernes, al menos, cada hora tiene un color.

Por supuesto, siempre hay que estar en guardia para los cambios. No tengo cintura física, pero la voy adquiriendo para los contratiempos. Con una niña, dos, tres o más, uf, el término “control” es solo una paz armada.

No puedo decir que la tranquilidad es parte de mi vida, no sería yo. Sin embargo, ya puedo respirar cuando oigo que otras mamás pierden sus habilidades memoriosas, porque si bien las mías están en cuidados intensivos, mi poderoso Excel ha resultado ser un gran antibiótico. 

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