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Mi tribu de mamis

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“Toda mujer necesita una tribu” (de otras mujeres). Autora: mi maestra, Meg Meeker. Es cierto. La segmentación, además, es imprescindible, porque mientras las amigas-madres disfrutan de conversar acerca de vacunas, alimentación infantil y lo cara que es la ropa de niños, otras le huyen a estos temas y prefieren hablar sobre su último viaje o el novio que esperemos sea the one. 

En mi trabajo, tengo “mi tribu” de mamás. Por una feliz casualidad, nuestra hora de almuerzo coincide, así que sin querer queriendo -lo cual hace aún más sabroso el asunto-, los temas de maternidad fluyen y convierten el soso momento de la ensalada con postre de chocolate (¡nunca nos liga la dieta que comenzamos y recomenzamos!), en la hora de la risa, la catarsis y el consuelo.

Por supuesto, también hablamos de los maridos, aunque no son un issue muy recurrente porque más divertido es que Rox recuerde que su primer hijo, hasta los 5 años, iba a los cumpleaños felices de KFC con un taper de QUINUA, que todas comenzamos limpiando el potito del bebé con algodón y rápidamente migramos al pañito embolsado, o que, hija, cuando se cae de la cama no pasa nada, ¡su cabecita es de piedra! (¡plop!).

Nos burlamos también, para qué negarlo, de los excesos llamados “soy Maju Mantilla y doy de lactar en una hermosa mecedora blanca”, de nuestra propia incoherencia al odiar Halloween pero buscar el mejor disfraz para nuestros peques, y de las redes que se colocan en los biberones para que la fruta caiga intacta y se cuele todo aquello que el niño es incapaz de tragar porque su neurología no está preparada para tremendo daño incluso emocional. Uf, qué estrés.

El momento feeling nunca falta. “Recuerdan, chicas, cuando recién nació su bebé y todos les decían ‘¡mala madre, no das de lactar!’, ¿acaso nadie entiende lo difícil que es para nosotras mostrar el seno a tutili mundi????”, “les cuento que mi hija anoche no durmió porque está resentida conmigo, es que ha ocurrido que…”, y el ya famoso “mi suegra lo maleduca, yo le doy de comer en su silla y ella lo persigue con la cuchara por toda la casa… ¡he perdido autoridad!”. Y más. 

Qué maravilloso es contar con una tribu en tu propio trabajo. Ahorra terapias y nos recuerda que ser mamá, esposa y mujer no es ninguna ciencia, es la vida misma… que tiene un punto de feliz coincidencia, como nuestra hora de almorzar.

Un comentario en “Mi tribu de mamis

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