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El día que me quieras

Un video corto, graciosillo pero a la vez taaan cierto, je… hoy les escribiré sobre una evolucionada forma de amar, que no encontrarán en ningún libro… está en sus propias vidas ;).

“Sí, quiero”, nos dijimos ese día. Jamás imaginamos todo lo que eso implicaría, porque ni él conocía mi carácter en su plenitud, ni yo, sus manías de amo de casa -sí, como lo leen, de AMO DE CASA, pero al estilo masculino, o sea… ¡vale la intención!, jaja…-.

Todos decían que el primero año sería muy difícil. Acostumbrarse a la convivencia, el conocimiento de dos mundos irremediablemente opuestos y tantos otros motivos por los cuales desinflar el globo. Plaf, aterriza, tu love story va llegando a su fin. La verdad es que, en nuestro caso, ocurrió todo lo contrario y, más bien, se cumplió otro mito: cuando llegan los hijos… el asunto realmente se complica.

El cine de los viernes, las reus de los sábados, las siestas de los domingos… es historia conocida que cuando llegan los peques, todo eso se guarda en un cajón que se abre años más tarde. Es decir, ya ni de qué quejarse porque no solo tienes a un pimpollito que se despierta matándose de risa todas las mañanas -¡y te hace el día!-, sino porque, simplemente, ya la vida se mira con otros ojos y lo que un día fue, no será, ya no vuelvas a buscarme más que para fiestas infantiles.

El problema viene, teóricamente, cuando la vida de pareja se ve afectada, cuando los diálogos se limitan a “te cuento que hoy se le escaldó el potito, hay que comprar una crema nueva, una amiga me recomendó que bla bla” o “esta semana tenemos que ir a vacunar, ¡ay qué caras son las vacunas!, el sábado en la mañana podemos ir también a buscarle ropita en…”… y así sucesivamente. Cuando ya no miras al cielo con tu cabeza en su shoulder, a ver pasar extraterrestres o señoras loquitas que siempre cruzan la pista a la misma hora y en el mismo canal… cuando te despides sin un “te extrañaré” porque debes salir volando a dejar a la niña para luego ir a trabajar y así, rush, rush, rush.

Digo “teóricamente” porque en realidad, toda crisis es una oportunidad (lo cual no es descubrimiento mío, lo pueden encontrar seguro hasta en el libro de Alejandra Baigorria). Que sí, que sí, que extrañamos la calle, los pisco showers, la total independencia… pero a la vez, la tifónica experiencia de ser padres nos ha vuelto más amigos, ha agudizado nuestra fuerza del perdón y a punta de impaciencia, estamos creciendo en paciencia. Sufrimos juntos las malas noches, nos miramos con ternura cada vez que la vemos reír y valoramos más lo que para el mundo es… normal.

El día en que nos queramos -el día en que nos queremos, que son todos-, no habrá rosas que nos engalanen, ni arco iris sobre nosotros. Habrá baberos, pañales, libretas de calificaciones que firmar y notificaciones de pago de la pensión del colegio. Lo que nunca faltará, aunque mi tribu dice que me espere unos añitos más para la metamorfosis, je, son nuestras manos juntas en un “no sé cómo miércoles vamos a salir de esta, pero juntos y con Dios lo lograremos” y menos un abrazo apurado, abatido, desgarbado, pero entregado con su mejor color.

0 comentarios en “El día que me quieras

  1. Majo, me encantó. De verdad te lo digo sin ánimos de pasarte la franela ni nada, me gusta como escribes y de más esta decir que me sentí recontra identificada con tu post. Esta lindo!! lo compartiré en mi fb! Felicitaciones!!! 🙂

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