Uncategorized

Un troyano llamado “cansancio”

Image

Llegó el ansiado viernes. Todas las semanas lo deseamos con locura. Cuando era soltera y veintiañera, me faltaban pies para mover a las masas y salir a callejear. A los 30, ya pesaba el cuerpo y no tenía mejor idea que irme a la peluquería a que me peinaran, me hicieran alguna trencita, ver la novela y aprender a maquillar vía observación-chisme de la vecina de asiento -¡qué pereza salir!-. Ahora, casada y mamá, lo quiero todo. Como dice la canción, hago rimas en mi vieja libreta y la lleno de pendientes que terminan en sueños rotos.

Hoy me había propuesto adornar el depa con las cositas de Navidad. Pero tengo el cerebro atrofiado. 5 días preparándome material y psicológicamente para mi momento más especial del año… y solo puedo mirar hipnotizada, idiotona, la tele. Me siento como video de You Tube detenido porque se fue internet. Ni siquiera me puedo permitir el mayor de los placeres: dormir… porque no tengo sueño.

Raúl se va a comprar pañitos para limpiar a Cristina. Estar en off no me quita la sensibilidad así que le pido que regrese rápido y me traiga un dulce. Sé que nuestra tienda preferida de postres –culpable de que mi bebé tenga un rollo sobre el cual apoyarse cuando la cargo, je- está cerrada, así que me pongo a escribir. Llega Raúl con el engorde. Este hombre sabe amar y yo, para amarlo más, le doy de comer la parte llena de chocolate. Y va llegando el sueño, por fin. Y me voy olvidando de que tengo mil pendientes que no recuerdo, y voy olvidando mi vieja libreta con los pensamientos escritos que gritan “Raúl necesita ropa”, “los zapatos de trabajo están gastados”, “hay que ir a la lavandería”, “se acerca el cumple de mi suegra”, “mañana recibimos visita”, “¿dónde voy a poner mi árbol y mi Belén?”, etcétera… etcétera. Y la envidia “buena” por lo que otras logran con sus hijos y yo no se va esfumando, don Morfeo ya tocó el timbre y eso aligera el asunto… y Dios sabe por qué hace las cosas y fácil quiere que descanse aunque sea en modo zombie automático.

El virus troyano llamando “cansancio” se ha apoderado de mí porque es lo que necesito hoy y ahora, tal parece… no batallaré. El hombre propone y Papá Dios dispone. Felizmente, existe un mañana, en el cual mi princesita me despertará con suaves susurros que se traducen en un “mami, ya me puedo parar en la cuna, ¡dime bravoo!”… y todo volverá a la feliz e hiperactiva normalidad.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *