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Voy camino de Belén

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Es 12 de diciembre. Faltan 13 días para Navidad. Si ya salieron rumbo a Belén (que, dado el tiempo, es muy probable), la Virgen debe estar exhausta. Con una panza grande, grande. Sobre un burrito, comentando curiosamente con José: “¿Cómo será el Niño? ¿Cómo serán sus ojos?”. Seguro no tenía ginecólogo, pero sí la forma de saber cuándo sería su FPP, así que están atentos a encontrar la mejor posada para el nacimiento del Niño. “José, tenemos que asegurarnos de que las sábanas sobre las que se envuelva a Jesús estén muy limpias, ¿te imaginas si están sucias? ¡Moriría!”. Su esposo, siempre cauto, le cuenta que en su rudimentario equipaje tiene eso previsto. LLega el día y… según la tradición, el Pequeño abre sus ojos al lado de una vaca y un burrito que sirvió de transporte a sus papás de la Tierra. No hubo ginecobstetra + pediatra + obstetriz + enfermera + epidural + sala de partos + masajes sobre el útero + etc, etc. Pero sí hubo el Papá, y el papá, y muchos ángeles. Y una mujer fuerte que, ahora que soy madre, recién entiendo poco a poco.

Por eso, ya los Nacimientos o Belenes no me pasan desapercibidos. La escena se recrea una y otra vez, y surge la pregunta: ¿por qué? ¿por qué así? La única respuesta que encuentro es el amor de un Dios que nos quiso mostrar desde siempre que nos ama con locura. Con locura loca. Nacer así… yo tuve N controles, hubiera muerto del terror de saber que no podría estar con profesionales al lado… con implementos médicos, anestesia, enfermera a quien morder del dolor… y Dios quiso que todo fuera tan… espectacularmente distinto. 

En medio de esa pobreza, Jesucito fue una luz… tan grande, que guió los pasos de unos señores mayores que querían adorar al Rey que nacería. Tan grande, que estaba claro que Él era quien nos llevaría al Cielo (si queremos, claro). Si cuando sale el sol desde temprano nos cambia el día… ¿qué podría ser Él para nosotros… para los pastores, para los ángeles, para sus mismos padres? Madre mía. ¡Tanta alegría… de saber que el Chiquirritín metidito entre pajas, que viajó en la panza de Mamá en un burrito sabanero, nos vino a salvar! 

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De ahí que no pueda evitar dar regalos en Navidad. ¡Hay tanto que celebrar! Detalles, en realidad, porque no estoy dispuesta a apoyar ninguna causa consumista, a estresar a mi hija en el tráfico o a yo misma perder la paz en el barullo. De ahí que me propongo ser la esquinita de la luz de la estrella de Belén, para no solo entregar regalos y tarjetas, sino serlo yo misma. Así que si me ven, si me ven, voy camino de Belén (con Raúl y Cris, ¡por supuesto!).

 

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