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¡Ay, cómo duele volver…!

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“Vacaciones” ya no son vacaciones. Hoy, que se me acaban las que me dieron por fin de año, hago un recorrido mental y siento que estas han sido de las verdaderas, de esas en las que le sacas el jugo a la vida.. y al sueño, solo le dejas el conchito. ¡Es que tenemos a Cris! Y mi niña es, como diría otra mamá bloguera, una “niña con espíritu”. Bebé, en realidad, 8 meses y 16 días de vida, pero con tanta energía que no se han inventado vitaminas para ir al ritmo de sus ojos, de sus gestos, de sus aprendizajes… menos aún de sus recorridos gatunos y sus ganas de caminar libre, como Heidi por el monte en busca de su abuelito, dime tú.

Sí, he vivido estos 14 días con intensidad. Con el sueño felizmente cuidado por mi Raúl, con un viaje caluroso pero necesario a otra ciudad, y mi pequeña aprendiendo a decir “mamá” y “papá”. No he parado. No hemos parado. Y hemos respirado la alegría de cada nuevo día, de cada papaya saboreada por mi bebé, de la llegada del Niño Dios… de un Año Nuevo con todo un familión bailando música anticucha, pero música al fin y al cabo, de porteos espectaculares que Cris y mamá no borraremos nunca. Por eso, antes de dormir y paradójicamente, siento pena. Casi como cuando se acabó mi licencia por maternidad. Qué dolor. Sin embargo, life goes on, baby. La mejor manera de hacer -más- fuerte a mi hija es con el ejemplo, y ella sabrá así que la vida es dura como la verdura, pero que siempre llegará la tarde, y con ella, mamá y papá, y dormirá segura en nuestros brazos para luego despatarrarse en su cuna -a la cual ya le bajamos las tablas, dicho sea de paso-.

No más lágrimas, Majo. El 2014 ya empezó. Raúl y Cris y los que vengan esperan que pase a un cuadro de proyectos las metas escritas, que las cumpla -“son ambiciosas”, dijo mi marido al verlas… Madre mía- y que, sobre todo y aunque se acabe el Tiempo de Navidad, siga a la estrella de Belén. Esa que me casó con el hombre que me acompaña a postear, ya dormido; que trajo a mi niña “con espíritu” -implacable-; que me ha dado a la mejor familia de sangre y brilla, esta noche, para que duerma tranquila y segura de que volver al trabajo es, sin duda, lo que hubieran hecho los Reyes Magos.

3 comentarios en “¡Ay, cómo duele volver…!

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  2. Mi querida Yosina! cuanto amor y buen ejemplo dejas en tus narrativas. Somos afortunados d poder conocerlas a través de este medio…. y siiii… ya ves y compruebas que cada circunstancia, es motivo d alegria, d ir descubriendo, aprendiendo y mejorando gracias a la sabia experiencia d lo vivido con intensidad. Un abrazo tierno a los tres (por ahora) Maricarmen P. 🙂

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