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Los hombres y los detalles… mmm…

– Amor, ¿qué tal me quedan estos zapatos?

– Mmm… bien.

– Dime si no está hermoso el detalle del taco…

– ¿Qué detalle? ¿No es un taco normal?

– ¡No! Tiene un forro del mismo color de la punta del zapato, y el material hace juego perfectamente con los pespuntes del borde… ¡No te fijas en nada! ¡No te fijas en mí! Buah…

¿Cuántas veces no nos ha pasado esto? Ya podemos teñirnos el pelo, bajar 4 kilos en una semana o dejarles una carta de amor en forma de papel de origami en su mesa de noche. Simplemente, no se dan cuenta. Y ojo, este post no tiene como fin recriminar esta anti cualidad de los hombres. Al contrario, voy a salir en su defensa.

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Cierta vez leí que en los primeros tiempos de la humanidad, los hombres desarrollaron más la visión panorámica: para sobrevivir, debían cazar, y esto implicaba observar una totalidad para luego dirigirse a su presa. Mientras, las mujeres, que eran las que cocinaban, tuvieron que potenciar su sentido del “detalle”: cómo sacar el pelaje, cómo dividir las partes del animal, etc. Es solo una teoría pero me pareció válida, muy válida en realidad.

No me refiero aquí al tema sentimental: el tulipán en el aniversario de la primera vez que nos tomamos la mano, o el huevo frito para tu desayuno, amor, con tu juguito de naranja. Hablo, de manera general, de una característica muy masculina que a veces achacamos como defecto cuando es simplemente… un rasgo más.

Volviendo al primer ejemplo, deberíamos preguntar: “¿Cómo se me ve con estos zapatos?”, porque el hombre, en su visión panorámica, dirá “bien” o “no te quedan, te hacen ver como una bataclana”. Al margen de tacos forrados, lacitos y pespuntes, la opinión del “todo” también es importante, ¿no?

En este aspecto concreto, no tratemos de cambiar a los hombres. Es como si ellos nos pidieran que no nos fijemos que llevan la ropa arrugada. Es imposible, el ojo se nos va corriendo justamente hacia eso (y otros detalles más). De Venus, de Marte… ¡respetemos nuestras cualidades! 🙂

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Y, sobre todo, valoremos el esfuerzo que hacen cuando descubrimos que el cavernícola caza tigres de sable, se fija en que una olla no ha sido bien lavada o en que falta agua fría para beber en la casa. Este último párrafo para ti, mi Raúl.

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