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Una nueva mujer

Estuve dándole vueltas a la respuesta. Cuando A me contó el problema de su amiga, traté de empatizar para saber qué decirle, y solo pude comentar (sabiendo que no estaba ayudando para nada): “Yo también me siento así”.

La amiga de A, antes de tener a su primer hijo, vivía pendiente de estar siempre regia. Iba al gimnasio, se vestía muy bien y “era feliz”. Luego de nacer su niño, como ya todas las madres sabemos, la vida le cambió. Casi tres años después, aún no ha superado no poder ir a la peluquería cada semana o comprobar que el jean talla 26 pitillo extra stretch jamás le volverá a entrar. Un buen día, lloró su pena, y mi amiga trató de aliviarla con un paliativo: “Me quedaré con el peque un sábado para que puedas tener el día para ti”. Digo “paliativo” porque creo que queda claro que solo era eso. Más aún, un placebo.

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Vuelvo al principio. Dije “yo también me siento así” porque era verdad (en ese momento). Yo también miraba con nostalgia a los spinners del Golds Gym, yo también extrañaba no tener ataduras, andar a mi aire, a mis horas, a mi tiempo. Y sabía que más allá de sentimientos, había llegado la hora de decir “basta”.

Eh, con “basta” no me refiero a renunciar a mi femineidad: a mi ocupación por verme bien, vestirme bien, sentirme físicamente bien y no parecer la Chimoltrufia. Lo que traté de cambiar fue la idea “¡oh!, ya nunca seré la Majo de antes” por “soy una nueva Majo”. Una nueva mujer.

No he cambiado mis defectos -¡pobre mi marido!- y espero que tampoco mis virtudes. Simplemente, soy otra. Ahora me busco tiempo debajo de las piedras, no me plancho el pelo –razón por la cual me lo he cortado de una forma suficientemente decente como para decirle al espejo: Qué churra eres- y trato de vivir, en mi día a día, priorizando: Dios, familia, amigos.

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Mi nueva forma de socializar ya no es un café en Larcomar. Ahora aprovecho los showrooms de bebés –y de chicas grandes, je- para conversar con las que venden, mientras Cristina mira a los niños que están alrededor o juega con ellos.

Y así, según la ley “la energía no se crea ni se destruye, se transforma”, he transformado muchas cosas y, habiéndolo asumido, no necesito ningún placebo (aunque de vez en cuando nunca vienen mal, je).

3 comentarios en “Una nueva mujer

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