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¿Vives-con o con-vives?

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Parece lo mismo, pero no es igual. Hablando de la convivencia de esposos, sí, de esos que se prometen un forever and ever, desde mi punto de vista ellos tienen una convivencia real y, podría decirse, sublimada: hacen una vida el uno con el otro y el uno para el otro. Comparten penas, alegrías, gastos, tareas… tienen planes juntos, los conversan, hierven el agua, se abrigan… ella le prepara un sándwich de queso a él, él le compra un cupcake a ella. Tienen intimidad con la más hermosa de las entregas, la plena y abierta a la vida. Son amigos, compañeros, esposos, amantes… en fin, que son uno. Vivir-con, en cambio, es compartir una organización para que el transcurso de los días sean armónicos y, por qué no, con ratos de felicidad… hay amistad, bien, pero el PARA TI es un componente que no se encuentra, y no se termina de sazonar el asunto. No es igual.

Muchas de nosotras, mujeres casadas, podemos caer en el vivir-con. ¡Es que la vida es tan vertiginosa! ¿Por qué no podemos vivir en un rancho grande, alimentarnos de vacas muu y vestirnos con calzones de lana y cuero? Llegamos a casa, y empieza la jarana donde un beso del marido es casi ganarse una rifa porque hay que alimentar a los niños, limpiarlos, bañarlos, a dormir, no quieren dormir, mécelos, remécelos, Carlitos no hizo la tarea… Y cuando llega la hora del tú y yo, naranjas. No hablo solo de sexo, también de contarse el día, de rascarse la cabecita, de quedarse dormidos en el sillón, exhaustos, pero juntos.

¡Paremos de sufrir! ¡Nuestros maridos están a punto de decir “SOS, no encuentro a mi esposa”! Es cierto que nuestros hijos nos necesitan, que la casa requiere de nuestras irreemplazables habilidades y que el trabajo puede ser muchas veces nuestra adicción… pero démonos un break. A veces, para tener un hogar luminoso, no hace falta la “tóxica perfección”, esa que nos estresa y nos genera una autoexigencia tal que no hay Migradol que nos aguante. La perfección humana, en cambio, acoge los grises y matices de la vida, los juguetes que se quedaron desordenados, los platos que hoy no se lavaron, el informe que te llevaste a casa y no acabaste de leer… nos da una oportunidad de respirar, de mirar por la ventana, de coger la mano del marido para contar sus dedos… suena estúpido, cursi y mágicamente irrealista, pero es POSIBLE. You can. Tú puedes, y yo también. Tiempo fuera.

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