CrianzaUncategorized

Primera batalla: OK

(La previa de este post, por si no lo leyeron, se encuentra aquí).

Me lo dijo un señor que hacía poco había conocido. Era autor de un libro acerca de cómo entender al marido –muy bueno, por cierto– y, cuando me lo encontré en el lugar donde trabajo, le hice conversación. Luego de la infaltable foto para el Feis, me dijo que podía reunirse con otros matrimonios para hablar de la vida. Obviamente, acepté organizar la tertulia.

Mi marido y yo lo llevamos al punto de encuentro. La charla fue genial. Al regreso, avancé unas cuadras –yo conducía– y de pronto, lo dijo: “Estás muy preocupada y muy tensa”. Pensé, “¿ah sí? Bueno, tengo una contractura cuyo dolor llega hasta la mandíbula y no me deja masticar, pero no me había dado cuenta”. No contesté ni que sí, ni que no. Solo me dediqué a meter floro: que había leído que tenía que respetar el rol del padre, que me sentía presionada por el mundo exterior a ser una mamá perfecta, que no dedicaba tiempo suficiente a mi familia, etcétera, etcétera. Cuando me di cuenta, era evidente que tenía un issue en mi interior, un pendiente no resuelto, una espina que al primer movimiento, me hacía sangrar.

pt1039_gavel_pounding_not_guilty_text_hg_wht

Momentos antes de bajarse, soltó algo que se me ha quedado grabado a fuego, y que les cuento porque me ha ayudado mucho a abrir los ojos y empezar una guerra por la paz: “Tú eres madre. Sigue tus instintos. Deja a tu marido ser padre de manera natural. Y deja de leer libros sobre maternidad. Raúl, prohíbele eso, cómprale novelas rosas. Tu hija no puede sentirte tensa, disfrútala”.

Cristina tiene un año y cinco meses, pero a mí me ha parecido que durante décadas he cumplido lo que dicen los manuales. Siento eso, quizás, porque efectivamente llevo décadas apegada escrupulosamente a normas que me almidonan, aunque muchas veces parezca una rebelde a la vela. Siempre cumpliendo y poco confiando en mí, en mi sentido común y mi vocación a ser feliz haciendo las cosas bien.

Siempre es bueno escuchar, más aún cuando los consejos te los da alguien que sabe más que tú. Como este señor, como mis padres… pero creo que tengo que practicar el arte de hacerme caso, específicamente, en mi versión “madre”. Porque desde que concebí a mi pequeña, la naturaleza me reseteó y Dios me dio nuevos talentos.

Sé que esto tomará tiempo. No importa. Qué aburrida sería la vida si no hubiera nada que aprender cada día. En este caso y sin presiones ni estreses, que todas mis autoculpas son inventadas y que en mi imperfección, soy perfecta para mi marido y mi hija. Y ya está.

3 comentarios en “Primera batalla: OK

  1. Magnifico

    Fuertes abrazos

    Enviado desde Correo de Windows

    De: WordPress.com
    Enviado el: ‎domingo‎, ‎21‎ de ‎septiembre‎ de ‎2014 ‎6‎:‎51
    Para: Antonio Vazquez

    La Majo publicó:”(La previa de este post, por si no lo leyeron, se encuentra aquí). Me lo dijo un señor que hacía poco había conocido. Era autor de un libro acerca de cómo entender al marido –muy bueno, por cierto– y, cuando me lo encontré en el lugar donde trabajo, le”

    Responder a esta entrada realizando el comentario sobre esta línea

    Entrada nueva en matriaventuras.wordpress.com

    Primera batalla: OK
    by La Majo

    (La previa de este post, por si no lo leyeron, se encuentraaquí).

    Me lo dijo un señor que hacía poco había conocido. Era autor de un libro acerca de cómo entender al marido –muy bueno, por cierto– y, cuando me lo encontré en el lugar donde trabajo, le hice conversación. Luego de la infaltable foto para el Feis, me dijo que podía reunirse con otros matrimonios para hablar de la vida. Obviamente, acepté organizar la tertulia.

    Mi marido y yo lo llevamos al punto de encuentro. La charla fue genial. Al regreso, avancé unas cuadras –yo conducía– y de pronto, lo dijo: “Estás muy preocupada y muy tensa”. Pensé, “¿ah sí? Bueno, tengo una contractura cuyo dolor llega hasta la mandíbula y no me deja masticar, pero no me había dado cuenta”. No contesté ni que sí, ni que no. Solo me dediqué a meter floro: que había leído que tenía que respetar el rol del padre, que me sentía presionada por el mundo exterior a ser una mamá perfecta, que no dedicaba tiempo suficiente a mi familia, etcétera, etcétera. Cuando me di cuenta, era evidente que tenía un issue en mi interior, un pendiente no resuelto, una espina que al primer movimiento, me hacía sangrar.

    pt1039_gavel_pounding_not_guilty_text_hg_wht

    Momentos antes de bajarse, soltó algo que se me ha quedado grabado a fuego, y que les cuento porque me ha ayudado mucho a abrir los ojos y empezar una guerra por la paz: “Tú eres madre. Sigue tus instintos. Deja a tu marido ser padre de manera natural. Y deja de leer libros sobre maternidad. Raúl, prohíbele eso, cómprale novelas rosas. Tu hija no puede sentirte tensa, disfrútala”.

    Cristina tiene un año y cinco meses, pero a mí me ha parecido que durante décadas he cumplido lo que dicen los manuales. Siento eso, quizás, porque efectivamente llevo décadas apegada escrupulosamente a normas que me almidonan, aunque muchas veces parezca una rebelde a la vela. Siempre cumpliendo y poco confiando en mí, en mi sentido común y mi vocación a ser feliz haciendo las cosas bien.

    Siempre es bueno escuchar, más aún cuando los consejos te los da alguien que sabe más que tú. Como este señor, como mis padres… pero creo que tengo que practicar el arte de hacerme caso, específicamente, en mi versión “madre”. Porque desde que concebí a mi pequeña, la naturaleza me reseteó y Dios me dio nuevos talentos.

    Sé que esto tomará tiempo. No importa. Qué aburrida sería la vida si no hubiera nada que aprender cada día. En este caso y sin presiones ni estreses, que todas mis autoculpas son inventadas y que en mi imperfección, soy perfecta para mi marido y mi hija. Y ya está.

    La Majo | septiembre 21, 2014 en 4:51 am | Categorías: Uncategorized | URL: http://wp.me/p2o7Lu-lX

  2. Vamos, es que es complicado educar a los hijos, solo leer la palabra “educar” ya nos aterra y a veces sentimos que nosotras, como madres, somo las únicas que podemos hacerlo, más aún is tienes niña, porque con un niño es más fácil pensar que el papá puede ayudar en la crianza. Pero la verdad es que los dos estamos en el mismo baile, y hay que disfrutarlo juntos.

    1. Gracias, Nydia. Es cierto, las mamás tenemos complejo de “todo yo, todo yo”… Papá y mamá son ambos educadores, y siento que mientras menos nos sintamos Atlas al respecto, mientras lo hagamos con mayor naturalidad, nos saldrá mejor la tarea. ¡Saludos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *