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Fórmula ganadora: el rosario y la Wawasana

Majo ansiosa a la carga. La primerita que pensaba acabar su año en noviembre y refugiarse en su hogar en diciembre está a punto de tirar la toalla para reconocer que, hagamos lo que hagamos, diciembre nunca será normal. Podré huir de todo, de todos los amigos secretos, los panetones de Wong semanales #asolo9lucas, la multicompra en Saga/Ripley #lamismavaina, pero nada cambiará el hecho de que es el último mes del año, el mes en el que, al menos yo, quiero acabar el stock de mis proyectos, como si el primero de enero naciera otro yo.

Además, para ser más fatalista, se cierran presupuestos (los de la chamba, los de la casa), se cambia la estación #medaalergiamidepósito y, por algún no extraño motivo, es justo el momento en el que más provoca (materialmente) renovar, renovar y renovar #pobremimarido. Los adornos navideños (¿será por eso que Christmas Store está repleto TODOS  los años ?), las cortinas de los baños, el color de la pared de la sala y hasta el color del pelo.

Y todo tiene que ser antes de fin de año: el estreno de la nueva agenda Mafalda, la puerta de la refri actualizada con las fotos del año viejo y la lista de playas menos contaminadas del verano.

En este momento, tiro la toalla. Tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme hoy y ahora (mundo, lo siento, no podrás contra mis ganas de ser feliz), como de rezar unas Avemarías por mi familia, asegurarme de que mi marido descanse viendo su programa favorito y que mi Cris no pase calor en la noche. Por eso y muchas cosas más, rosario y Wawasana, vengan a mi casa esta Navidad.

Virgencita de Guadalupe

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