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Vamos de paseo, en un avión feo

Viajar en avión 12 horas con mi peque de año ocho meses, la cual no puede vivir sin mover los pies como Juana la Cubana, ha sido una pesadilla de la cual aún no he despertado, porque me falta la vuelta. Estoy en España, de visita a la familia de mi esposo, pasando entrañables momentos y llenándome de valor, fuerza, pundonor para el “hasta luego” lleno de lagrimitas y las 12 horas que nos quedan en el aire #socorro. Vamos, Majo, sí se puede.

Antes de viajar pedí y recibí muchos consejos, todos muy buenos. Ya se los contaré. Pero cada niño es cada niño y a la hora de los loros, creo que lo más importante es la serenidad. Espera… yo, ¿hablando de serenidad? Pues sí, aunque no me reconozca. Porque además viene el jet lag, la adaptación al clima, las comidas, los espacios… Es todo un despelote que un día acaba, justo cuando ya tienes que volver a la real life y el cerebro de tu peque está descuajeringado.

Cris en el aeropuerto. Conoció muchas salas de embarque :/
Cris en el aeropuerto. Conoció muchas salas de embarque :/

Si alguna vez te toca esta experiencia, ya sabes, paz. Haz todo lo materialmente posible, pídele a la Virgencita que te ampare @Mamita plis que se duerma, y a nadar. Si tu peque empieza a llorar con desesperación en el avión y todos están durmiendo, siempre habrá un sitio atrás donde también estará refugiado alguien con claustrofobia #mehapasado. Si no pega el ojo rápidamente, hazte amiga de Allergical o gotitas mágicas por el estilo. Si no hay forma de abrocharle el cinturón de seguridad, ponle una manta encima y hazte la dormida durante la inspección. Y así sustantivamente.

Mientras no se caiga el avión, todo va a estar bien ;). Un post un poco angustioso para empezar el año pero no me aguanté. ¡Feliz 2015! Volveré recargada y con sorpresas 😀

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