CrianzaUncategorized

Primera vez en el nido: la Cristiaventura empieza

Nadie nos prepara para parir, nadie nos prepara para sobrellevar con entereza y pundonor la enfermedad de nuestros hijos… y nadie nos prepara para el primer paso de su largo camino “académico”. Cristina empezó el nido y 80 mil quinientas cosas me pasan por la cabeza y el corazón, aunque solo logre exteriorizar un par y el resto queden escritas en su diario.

El año pasado decidimos por un nido. Pero luego nos arrepentimos. Le dimos muchas vueltas al coco y la luz se hizo: lo mejor sería el lugar que en cierto modo la ha visto crecer, por los talleres de estimulación, y donde tengo plena confianza de que la cuidarán y le sacarán brillo a su cerebrito: su Nido Cumbres.

Las dueñas, Silvana y Marita, son dos profesionales AAAA1. Además del tema de la paciencia, habilidad para aguantar a los critters y etc., saben un montón de metodologías o “situaciones de aprendizaje” que potencian las sinapsis (unión de neuronas, formando redes) y hacen que el niño sea capaz de aprender, inferir, razonar.

Por otro lado, pienso que el nido también es para la mamá. ¿Se imaginan uno donde una no esté cómoda con las profes o la directora? ¿Donde te llamen a cada rato para decirte que tu niño muerde, patea, cuenta mayólicas en las paredes o no deja el chupón? O lo que es peor: ¿uno que te saque plata cada fiesta de santo? Ni hablar. Como mamá que trabaja fuera de casa, necesito que me apoyen, más que darme problemas. Que me alienten, que compartan mi estilo de crianza y que empaticen con mi situación (aunque igual no me libre de las charlas para padres y esas cosas, je). O sea, no soy un especimen raro, pero definitivamente no puedo quedarme a chismear en la puerta del nido ni organizar Halloween parties en octubre.

En su primera semana, Cris se la pasó bombaza. Mi hermana la lleva y se queda esperándola, desde el segundo día se esconde para que se acostumbre a estar con gente nueva. Bravazo. Una gran lección de reciedumbre para mi chiquita. Sus primeras loncheras han sido un desastre gracias a mi inutilidad, pero ya me explicó Marita cómo debo mandar las cosas. Qué gracioso, de pronto lo pequeño se vuelve importante y adquiere tanta lógica…

Acabada la semana, mi niña era otra. Mucho más espabilada (si cabe), con nuevas palabritas y feliz. Yo, emocionada porque le tomaron fotos, me las enviaron y también me dieron un calendario con lo que se hace cada día. Sé que ya la quieren, sé que entienden que no tengo idea de “nutrición escolar” y que me cuesta la vida no estar al lado de mi pequeña en este momento histórico de su vida. Me hacen el camino blandito; gracias, chicas. Aunque no pueda disfrutar mirando de lejitos lo que hace, verla contenta es mi mayor consuelo.

Todos tenemos un camino, el mío está en una oficina y el de ella, en una piscina de pelotas, esperando “contarle” a mamá todo lo que hizo en el día.

(null)-2

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *