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Nuestro colecho

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Por Begoña Songel, Mei Tai Afrodita y la Hora del Té

Una de las cosas buenas de ser abierto de miras, es que desde el minuto uno, mi Amorcito durmió sobre mí, por su propia decisión. Cuando llegamos a casa empezamos a usar la mini cuna como mueble de almacenamiento y la habitación pintada, con 3 meses de embarazo, quedó como la habitación de la plancha. Estoy convencida de que nadie tiene una habitación de planchado con ositos, cenefa de ositos y con la ropa de la cuna hecha a mano.

Los bueno del colecho es que no te crea falsas necesidades, así cuando nos mudamos a Alicante, con 4 meses de edad, y más tarde a Perú con 1,5 años, no nos preocupamos en absoluto del tamaño de la vivienda. Nos preocupaba el tamaño de la habitación principal para tener una cama bien grande.

No hemos tenido problemas con el sexo. Existe un plano por internet, muy gracioso donde te da opciones para practicarlo cuando colechas, pero como muchas sabéis, después del parto, cuarentena, lactancia continuada… lo que menos apetece es eso.

Ahora ya no duerme en “nuestra” cama. Digo “nuestra” pues para él, es tan suya como mía y del papá. Gracias a la gran habitación, hemos añadido una cama individual junto a la de matrimonio, con sus sábanas de spiderman, por supuesto allí duerme papá. Pero ya estamos un poco más anchos.

Parece que todo es perfecto, pero… desde hace unas semanas pienso que va siendo hora de hacer una nueva habitación, por ahora es solo una idea pues mi Amorcito está de acuerdo mientras duerma con mamá.

Imaginad:

Cuando he conseguido que mis dos amores se duerman (marido e hijo), cuando todo es perfecto, la cantidad de luz, la temperatura, el momento perfecto… empieza la sinfonía del dueto. ¿Cómo es posible que los dos ronquen? ¿POR QUÉ? Y ya me veis a mí con los ojos inyectados en sangre, apretando las sábanas con las manos y mirando al infinito.

Solo veo una solución, dejar de colechar y hacerme una habitación para mí solita.

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