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Cuando toca reír, llorar, esperar

Finalmente, empezó el año escolar. Se acabaron los talleres de verano, aunque el calor todavía siga pegándose a la ropa sin piedad. Y así, contra sol y rayos ultravioleta, muchos papás y mamás peregrinaron de librería en librería buscando todos los materiales de la famosa lista de útiles. Como madre primeriza en todo sentido, no sabía que los stocks eran limitados, por lo cual me quedé sin comprar un rompecabezas de piezas grandes. Qué tragedia.

Todavía me sigo preguntando por qué matriculé a Cris ya desde este año, con los 2 años todavía no cumplidos. O sea, que está en el aula de 1 año. Podía ahorrarme el dinero de la matrícula, pensiones, uniformes, libros y hasta del rompecabezas. Pero creo que Raúl y yo tomamos una buena decisión. Mi niña es muy despierta y está en la edad perfecta para potenciar sus habilidades, de todo tipo. De adquirir buenos hábitos, además, que no es poco. De tener un aliado en su educación, que empieza por casa. Pensamos, si podemos hacer un esfuerzo económico para ayudarla a madurar, a crecer con otros niños (mientras llega el hermanito, que es un demorón, je), a crecer nosotros mismos como padres, ¿por qué no? Pa’ lante, comandante.

Y el primer día fue hoy.

Cris apurando a papá. ¡Ya vámonos!". Me saltó la lágrima.
Cris apurando a papá. ¡Ya vámonos!”. Me saltó la lágrima.

Dilema: Llevarla o no llevarla (yo). Todas las mamás lo harán. Podré dejar una raya oscura en su memoria si no lo hago. Soy la madre. Se resentirá conmigo si no estoy con ella. Ok, basta.

Mi marido y yo decidimos estratégicamente que yo no iría. Ouch. Si yo iba, Cris esperaría al día siguiente que ocurriera lo mismo y la hora de decir hasta luego, en unos días, resonaría cuatro cuadras a la redonda. “¡¡¡Mamáaaaaaa!!!”. Pare de sufrir. Usemos la inteligencia: Cris necesita ir, durante la semana de inducción, con alguien conocido. Ese alguien conocido no puede ser mamitis, ni abuelitis, ni nanitis, ni ninguna inflamación por el estilo que terminaría por causarle laringitis de tanto llanto. Persona ideal: un hombre. Es decir… ¡papá! Además de que él no lloraría con ella, fortalecerían lazos, se convertiría en su héroe. Bingo.

Pero del dicho al hecho…

Me costó, nos costó. Para él, todo sería nuevo. Para mí, todo sería silencio y espera. Despedí a mi hija quien, contra todo pronóstico, se fue feliz, vestida en su impecable uniforme azul y blanco. Llegué a mi trabajo, busqué la capilla. Lloré. Yo era la mamá, yo debía estar ahí. No, no debía, habíamos hecho lo correcto. Fuerza, Majo. Cristina aprenderá a ser fuerte, a saber que lo que vale, cuesta, y que puede confiar en otras personas además de su apapachadora familia cercana.

El final de la jornada fue exitoso. No hubo dramas, fue feliz. Y yo, aunque con el corazón hecho tiritas, puedo decir: tarea (del primer día) cumplida. A por más, mis valientes.

Sí: solo tú, que lo has vivido, puedes entender este post.

4 comentarios en “Cuando toca reír, llorar, esperar

  1. Hola, pues si, comparto TOTALMENTE este post, salvo que tu fuiste mas valiente que yo, ya que yo soy la que siempre va al “primer día” bueno recuerdo que cuando Pablo fue a la escoleta , aquí así le dicen entre mallorquín (Mallorca) y mi characatismo me hago un lio pero se que me entiendes, tenemos algo en común, un vinculo muy importante con la madre patria jejeje… Bueno lo que quería decir es que es mas difícil para nosotros los padres que para los hijos, ya que todo es nuevo, niños, entorno, JUGUETES!!! creo que el periodo de adaptación del peque es variable, en mi caso no tuve ningún problema, mi hijo es muy independiente y a sus casi 2 cortos años el también inicio su aventura estudiantil.
    Pero lo que me hizo presa fue que la escoleta tenia cámara web, OH MYYYYY!!!! podía ver a mi hijo desde casa, y ya podrás imaginar TODO el santo día viendo como aprendía y se desenvolvía en su nuevo entorno donde pasa 8 horas diarias, incluyendo almuerzo y siesta, pero ahí caí en una triste realidad, que por mas niño mio que sea, era uno mas del salón, así que tuve que soportar su primer castigo, viéndolo LIVE!!!! podía ver su carita, sus gestos, su tristeza, fue horrible, yo lloraba mas que el, tuve que llamar a mi marido para que me calmara, creo que el periodo de adaptación debería ser para nosotros..o es que soy una entrañable y desesperada mama gallina.ainsssss

    1. ¡Oh por Dios! ¡Ver sus castigos! Buahh… A mí me tocará fuerte la próxima semana, cuando ya tenga que estar a partir del jueves creo, o del otro lunes, ya no sé bien, solita… O sea, yo quiero que sea así, sino nunca se adaptará del todo, pero de solo pensar que mi bebé preciosa llorará, ya me quiero tirar del balcón, jaja… Pero en mis tiempos no era así!!! Yo nunca lloré, mis hermanos (salvo la menor) tampoco… Antes nos dejaban en el nido o el colegio y punto, chau pescau… Ahora nos hemos vuelto unas sensiblonas, jaja… Igual lloro, buahh

  2. Ay… Yo estuve a punto de enviarla a Italia con el padre (se va en abril, por 3 semanas), pero, con año y medio, preví que le sería difícil entender que mamá no ha desaparecido. En fin, me acobardé. Ahora me toca enfrentar la ansiedad de no saber cómo consolidar cuidado total, señora de la limpieza a tiempo parcial y trabajo por todo ese tiempo, en una casa demasiado grande para dos personas (y una gata, una tortuga, cuatro pollos) durante la noche y ninguna amiga suficientemente cercana. Tocará asumir, pues.

    1. Llevo tres horas sin Raúl (está en una reunión del nido, yo me quedé para el ritual de la noche de Cris) y créeme que me siento un poco madre soltera. 3 semanas, uff… ¡y con pollos! jaja…

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