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Mi historia con Nuá: ¡viva la libertad!

Me he demorado algunas semanas en escribir este post porque necesitaba masticarlo. Los temas emocionales, pienso, hay que dejarlos madurar para luego juzgar -si cabe- de la forma más objetiva posible.

Hoy me siento lista, y aquí va. Se lo debo a Nuá y, sobre todo, a ustedes.

Algunos vieron este post en el fan page del blog:

Matriaventuras

Días después, me escribió el gerente de Nuá y me llamaron de la agencia que maneja su cuenta publicitaria, muy preocupados por mi malestar y por la falta de respuesta que manifesté. Además, me pidieron una reunión. Acepté. Y fui.

Como era de esperarse, se disculparon por no haber escrito antes, había ocurrido un problema con los community. Aunque sonó a excusa, lo creí: en el Perú estamos muy atrasados en temas de marketing digital, aún no se asume al 100% todo el poder de las redes. Ese tema creo que solo me importó a mí como comunicadora, claro, pues por los comentarios que recibí en el post, me di cuenta de que lo preocupante para todas fue lo de los canguros prohibidos.

Cuando tocamos el tema, al principio, sentí que se pusieron a la defensiva: que en cada lugar del mundo las normas son distintas, que los productos que venden están en ferias internacionales, etc.

Debo confesar que eso me molestó. ¿Qué michi me importaban las ferias de XYZ país? ¿No veían la foto del bebé con las piernas colgando? ¿Cómo estaban sus genitales, su espaldita, cómo se dormían?

Mi propósito era que dejaran de vender esos canguros horrorosos. Felizmente, no lo conseguí. Digo “felizmente” porque vi que así como yo, podían venir las detractoras de los chupones, de los biberones y de los coches, objetos cuyo uso yo sí apoyo. Es decir, me estaba moviendo en el terreno de lo opinable y aunque yo piense que los canguros no ergonómicos son un asco, todavía no han sido catalogados como veneno. Algunos pediatras incluso dicen que no hay problema en usarlos. Entonces, hoy por hoy, no soy nadie para pedirle a un hombre de negocios que deje de ganar dinero en base a mis percepciones de madre que portea.

“Yo tengo que ofrecer de todo. Lo barato, lo caro, lo uno, lo otro. Esta es una tienda multimarca, pero eso no quita que te escuche y tome nota de lo que me dices”, dijo el gerente. Eso de “tomo nota” me sonó a “sí, Juan, ya zafa nomás”, ja, ja; sin embargo, repito, tiempo después lo entendí: no puedo pretender que una empresa nueva se mueva por ideales, por mis ideales, que no son los de todas. Una empresa puede buscar trascender, sí, pero primero tiene que asegurarse la existencia. Y mientras los canguros y todo aquello opinable se mantenga en ese terreno, ni modo. Están en todo su derecho y siento, la verdad, que hicieron bastante con escucharme (otras empresas te mandan una canasta de regalo y punto, cállate y no jorobes).

Un detalle que me llevó a dar el beneficio de la duda acerca de los fines únicamente mercantilistas que parecían tener, fue que el gerente vio el brazo de Cristina que tenía una súper herida (le picó un mosquito y de tanto rascarse y sacarse las costras, se había hecho una cosa fea). Dijo rápidamente: “Ya sé lo que le ha pasado, ve a la farmacia y busca tal crema. A mi hijo le pasaba igual pero con eso, santo remedio”. Era papá y aunque el mundo de los bebés es ancho y ajeno, tenía la sensibilidad para empatizar y buscar bienestar a través de sus productos.

Nuá, según su mensaje publicitario, vende felicidad. Pero llevarla a nuestros hijos, depende de cada uno de nosotros, los padres.

Nua

Por eso, zanjado el asunto, he vuelto por el resto de cosas útiles que ofrecen. E iré por más, ya les contaré.

No creo que nadie se haya solidarizado con mi rebelión inicial. Sin embargo, si alguna tuvo la tentación de seguir mis pasos, calma. Ya es tema pasado.

PD: Lo que jamás perdonaré es que hayan usado como imagen a esos loosers de Esto es Guerra. ¡No hay foooormaaa! #lasmamastenemoscerebro 

2 comentarios en “Mi historia con Nuá: ¡viva la libertad!

  1. Algún día te contaré la historia de cómo la hermana de mi marido, que es doula, madre “natural”, hipie e integrista, se la pasó criticando a todo el personal médico que se acercó a mí durante el parto, en una Clínica que yo escogí porque me gustó desde el principio. Casi me voy a cesárea de tanta tensión. Como caída del cielo, y ya a último minuto, llegó una ginecóloga suficientemente sensible, me sacó del control “místico” de la tía ésta y me ayudó a parir. Fue verla, dejarme abrazar por ella y Ana empezó a nacer.
    Nunca voy a olvidar la experiencia, con todos sus matices, amargos y dulces. Viene a cuento por el tema de la libertad de elección.

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