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Mi bebé no quiere volver a su cama

“Isidoro, por favor, que Cristina ya no quiera dormir en mi cama” -le dije al santo de mi devoción. Isidoro, aplicado como siempre, me hizo la taba tres noches. Luego, todo volvió a fojas 0,5, y sé que fue lo mejor.

No practico el colecho. Respeto a quien lo hace -cada quien cría según lo que mejor le parece-, pero mi pequeña siempre tuvo su cuna moisés, su cuna mediana y ahora su cama. Y siempre durmió feliz, incluso sola en su cuarto. Pero hace unas semanas todo cambió: solo quiere dormir con mamá, mamá y mamá.

mi hijo no quiere dormir

¿El motivo? No, por Dios, no me digan que el nuevo bebé. La verdad estoy un poco cansada de que todos piensen que mi Rafaelito es el responsable de los cambios en la conducta de Cristina: que si está celosa, que si le hablo de su hermanito, que si no… ¡Hay tantas cosas en juego!: la primera adolescencia (los 2 años), nuevas emociones en el nido, mamá agotada, etc. Pero eso no soluciona el que para mí es un problema.

niña pensativa

Le pedí luces a Papá Dios y me encontré justo con una amiga que tiene varios hijos. Me dio unos tips que me llevaron a:

  • Generar el hábito estable de bañarla y tenerla en mi cama hasta que se duerma, con cuentos, canciones, etc.
  • Pasarla a su cama.
  • Arrullarla en su cama si despierta en la madrugada, en lugar de trasladarla a la mía.

Además de mi esfuerzo, como conté al inicio, le pedí ayuda a Isidoro y la cosa fue bien durante tres noches. Los tres (papá, mamá y Cristina) estábamos felices. Todo en su lugar… hasta anoche.

No aceptó arrullo, talco, aceite, crema de cuerpo, canciones, peluche de Gallina Pintadita, nada. Peor aún, se tiró al piso a hacer rabieta. No quería ni que la cargara. Pucha, ¿qué hacía? Recordé que si la regañaba iba a ser peor, porque justamente lo hacía para recibir atención, entonces me senté con ella a conversar un ratito hasta que se calmó y me pidió, de buena forma, ir a mi cama.

¿Qué pasó con mis hábitos de tres días? ¿No habían servido de nada?

Sí, mamita, sí habían servido: con ese episodio, me di cuenta de que los niños no son robots, que por mucho que les inculquemos costumbres, son seres con inteligencia, voluntad, libertad, sentimientos y emociones como cualquier ser humano. Por tanto, cada día y cada noche tiene su afán, su propia historia, y lo que me toca no es obsesionarme con reglas fijas sino estar junto a mis hijos para ayudarlos a superar las dificultades de la vida y a estar seguros de que mamá y papá siempre estarán ahí.

 

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