Uncategorized

¿Estoy haciendo bien al vivir con pasión mi maternidad?

No sé.

Capítulo I:

Desde hace un tiempo vengo sintiendo que mi vida como madre espanta. Que ninguna mujer con la vida más o menos hecha y derecha puede querer cambiarla por una como la mía, cuando le cuento que no voy al cine hace mucho tiempo, que no tengo Netflix, que no duermo siestas largas en los domingos. O cuando ven que salgo corriendo a darle de comer a mi marido y a mi hija, que camino lentamente por el embarazo y que voy directamente a la zona de niños de las tiendas, sin pasar por la de carteras.

Mi mamá dice que no entiende por qué la maternidad ahora se pinta como algo difícil, titánico, Que en su tiempo todo se asumía de manera más natural.

Y otra persona me dijo: Descomplícate. Somos varios hermanos y mi mamá no murió.

Es cierto: ¡Me voy a relajar!

Wait: Si aflojo, mis hijos crecerán como dos chanchitos, oink, oink.

Dilema.

Capítulo II:

Hoy en la mañana, leí un artículo escrito por una mujer que valora demasiado su vida profesional, su “libertad”, su dinero, su placer. No tiene hijos. Entre líneas, pareciera que se lo está pensando -el formar una familia-, pero ve a tantas madres cansadas, sin capacidad para viajar con ella, estudiar como ella y hablar de temas que no incluyan la palabra “biberón”, como ella, que no se atreve, y por ello, da la vuelta a la tortilla y dice algo así como: “Para qué tienen hijos las mujeres si van a estar matando sus sueños, truncando sus metas, sufriendo, sacrificándose… mejor no tenerlos o mentalizarse bien antes de dar el paso”.

Un par de horas más tarde, me encuentro con unas palabras supuestamente del papa Francisco, y digo “supuestamente” porque googleando descubrí que una mujer es la autora -qué ganas de la gente de compartir sin más-. Decía: “Ámate. No te olvides de ti mismo cuando luches por la felicidad de tus hijos. No te niegues un vestido o una corbata (por ejemplo) por comprar un nuevo juguete, no cambies tu salón de belleza o tu hobbie por pagar un nuevo profesor particular; si tú no cuidas de ti mismo, ¿qué le puedes dar a los demás?, ¿qué ejemplo les darás?, ¿qué amor?”.

Yes, yes! Debo amarme. I love me!

Wait: Es que muchas veces tengo que escoger si darle un pedazo de torta a mis hijos o devorármela yo. Buah.

Dilema.

Capítulo III:

En mi trabajo, estoy rodeada de jovencillos que socializan prácticamente solo con su celular y sus series gringas. Denominador común: solteros y sabrosos, sin hijos. Obviamente, yo soy el punto fucsia de la cuestión. Les aburro o me aburren, una de dos: si les hablo de Cristina, hay un “qué linda” y vuelta al celular. Si ellos hablan, no entiendo ni papa.

Solución: Buscarme gente de mi “contexto emocional” para conversar. Yeee!

Wait: Pero, ¿si soy yo el problema y, más bien, debería comenzar a caminar también por su mundo?

Dilema.

Conclusión de tanto dilema:

No sé si estoy haciendo bien al vivir con pasión mi maternidad.

Colofón:

Al término de esta noche oscura del alma, entra la luz y, con ella, la solución resumida en tres puntos:

  1. Querida: Recuerda que la vaca fue ternera alguna vez. Todos vivimos la etapa de la vida que nos toca, y no podemos sentirnos culpables por no vivir la vida de otros… ni ellos por no vivir la nuestra, aunque sí que hace falta un poco aprender a escucharnos los unos a los otros. Es difícil, pero nada de pierde intentando. Total, siempre habrá alguien como nosotros para compartir y departir, si no hay match con el entorno cotidiano.
  2. Vivir con pasión la maternidad (y la paternidad, y el matrimonio, y la profesión) es una manera grandiosa de aprender, porque de ese modo, los fracasos nunca serán derrotas sino ganancias; inyectaremos adrenalina y poder a nuestra familia, con nuestro ejemplo, y finalmente, nos sentiremos satisfechos con nosotros mismos, ya que lo dimos todo.
  3. Bueno es culantro, pero no tanto. Hay que entregarse pero en la justa medida: “Por mis hijos podría tirarme del balcón”. Je, si te tiras, ya no habrá quien se entregue. Cuida tu salud física y emocional, aliméntate, haz ejercicio. Come, vive, ama.

Y sé feliz.

maternidad feliz

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *