Crianza

Déjalo sentir

– ¡Waaaaaa!

Nico se cayó y se golpeó la rodilla.

Nico es un niño de 2 años. ¿Qué debería hacer una madre?

Opción A: Levantarlo y decirle: “Ya pasó, hijito, ya pasó, no fue nada. Silla malcriada, ¿por qué le haces daño a mi bebé?”.

Opción B: Sentarte a su lado, decirle que sabes que eso duele y callar por unos minutos.

Creo que todas marcaríamos la A. Creo que todas hacemos la A. ¡Es obvio que tiene que ser la A! ¿Quién puede no consolar a su hijo a la primera?

Pues resulta que es la opción menos recomendable, en términos de educación de emociones. ¿Saben lo que realmente hacemos con la A? Transmitimos a nuestro hijo el siguiente mensaje: “No se vale sentir, no sientas. No tienes por qué sentir nada, ya que no pasó nada. Y si hubiera pasado, acá estoy yo para remediarlo”.

Es natural que no podamos ver sufrir a nuestros peques. Evitamos a toda costa que se molesten, que lloren, que se asusten, que les duela algo. Sin embargo, madres y padres del Perú y el mundo, tenemos que prepararlos para la real life.

Los sentimientos no son malos ni buenos, son parte de la vida, y no debemos estar constantemente tratando de cortar los que consideramos “negativos”. Desde muy niños, nuestros hijos tienen que saber que existe la ira, que hay cosas en el mundo que molestan, que fastidian, que nos pueden llevar a cometer actos que no quisiéramos. Que existe el miedo, y que es tan válido como la alegría. Y también deben saber que el problema no es sentir, sino la forma de reaccionar. Ahí está el quid del asunto, nuestro reto: Ayudarlos a saber cómo manejar cada emoción para que mañana, cuando su jefe los regañe o los deje la novia, sepan tener unos minutos de asimilación y la mente libre para pensar en la mejor solución, si cabe.

A esto se le llama “validar emociones” y es un hábito que debemos practicar siempre.

validar emociones

– ¡Waaaaaaa!

(El niño se cayó y se golpeó la rodilla contra una silla).

– Amorcito, te golpeaste… entiendo que te haya dolido.

(Un minuto de silencio, para validar la emoción).

– ¿Qué puedo hacer para ayudarte, hijito?

(Si el peque ya se puede comunicar, dejarlo que él encuentre y diga la solución).

Y, finalmente, abrazo de cariño, comprensión, empatía y consuelo.

Desde que oí esto en mi clase del curso “Mitos y realidades de la crianza con apego”, lo estoy poniendo en práctica. No es tan difícil y de verdad veo que Cristina valora que le diga que la entiendo, en lugar de lanzarme a paliar su dolor (lo cual creo que la pone más tensa, porque lo que quiere al fin y al cabo es hacer catarsis).

Intenten validar las emociones de los chuckys y, si quieren, me cuentan qué tal les fue 😉

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *