Crianza

El último día de clases… del primer año

Cuando vi la foto de Navidad que le tomaron a Cris en el nido, metida entre sus cuchumil cosas -lonchera, casaca, agenda, etc.-, las hormonas responsables de la mamitis saltaron hasta mis orejas. ¡Qué linda, qué grande, qué madura salía mi princesa! Hasta se había dejado poner un trajecito de toribianita. Lágrimas brotan de mis ojos… buah…

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Estos días para ella están siendo muy emocionantes. Es más consciente de la Navidad y se bandea entre la chusma comercial de los grandes almacenes y la ternura que le causan los Belenes, con el Niño Jesús echadito. Su corazón explota con cada publicidad de juguetes: Barbie, Megablocks, Pinypon, y ya ni decir de la tarde en la que se me ocurrió ir a mironear un poco en un par de jugueterías. La película de Caillou en Navidad se la sabe de memoria y conoce más villancicos que yo a su edad, cuando solo sabía tomar leche y fregar a mi hermano mayor.

El domingo es su gran show del nido, como cierre de año. Será en un teatro, a todo meter. Eso también la tiene loca, la ha tenido loca durante todos los meses de ensayo. Dios mío, cómo será ese día. Y en esa vorágine no provocada, yo también tengo el corazón en la esquina al verla. ¡Recuerdo tan bien su primer día de clases! Lloró a moco tendido durante 10 días. Papá Raúl estuvo con ella en los días de adaptación, pero igual al final todo era llanto: suyo, mío, nosotros, vosotros, ellos… hasta que se despidió de papito tranquila y salió el sol.

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¡Tantas cosas han ocurrido en tan solo 10 meses! Los virus, los olvidos de la lonchera, las actuaciones, la despañalada, el calor eterno -ni en invierno atracó ir con casaca-… el libro de los valores para poner stickers, los bits que solo lográbamos repasar los domingos en la noche, la agenda que terminó deshojando y rayando ella, con su lapicero amarillo… ¡y las fiestas infantiles en el aula, de donde regresaba feliz llena de dulces!

Se pasó el tiempo muy rápido y siento un nudo en la garganta al pensar que la llevé siendo una bebé de 1 año, y que sale como una niña de 2 que imita a su miss Dorita, sobre todo en la forma de regañar, ja. En un par de años, quizás esté escribiendo lo mismo sobre Rafaelito. Ay, no, de nuevo… lágrimas brotan de mis ojos… buah…

En fin, mejor me como un pedacito -chiquito, muy chiquito, de panetón… bah, uno grande, total, ya alcancé el estatus de Mamá Pig- para saborear mis sentimientos encontrados, mientras imagino a la Virgencita igual de hormoneada por el fin de la espera del Niño Dios.

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