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¿Pagas por tu familia?

Estoy entrando a la semana 36 de embarazo de Rafaelito, mi segundo bebé. Comprenderán que, dada mi contextura física de pigmeo, parece que me he tragado una pelota de básquet y mi caminar de porfiado causa entre lástima y risa.

porfiado

Además, las emociones van como globos de helio: subiendo muy alto, muy alto, y luego desapareciendo… y después, reapareciendo desinfladas, o con nuevas formas. Y me pregunto: “Si yo ya viví esto, ¿por qué lo sufro? ¿De qué me extraño?”.

Pues porque, mamita, la experiencia sirve pero la vida no es un círculo perfecto. Punto.

Tengo miedo de cómo será mi parto -a Cristina la parí de forma natural y me dolió como bestia… ¡no quiero volver a pasar por eso!-.; de sobrevivir (o no) a las malas noches; tengo insomnio, sueño, estreñimiento, pichi excesiva y ganas de correr, correr… de volver a usar tacos, de no sentirme Mamá Pig, de bailar.

mama agotada

En estos pensamientos tontos estaba yo hoy en misa, fiesta de la Sagrada Familia, diciéndole a Dios: “Pongo todo esto en tus manos, yo solo soy una llorona. Tú sabrás mejor qué hacer con todos estos globos de helio. Poco antes de acabar, Cristina, que había tenido loco a Raúl con las flores de la Virgen de la calle y etcéteras, se plantó en una de las puertas laterales de la iglesia y se puso a bailar “Campana sobre Campana”.

Qué tal ritmo el de mi gorda. Mi marido, mientras, “yacía” parado detrás de ella, muerto de cansancio pero contemplándola. Me dio ataque de risa, no pude evitarlo. La escena era demasiado cómica: Cuando conocí a Raúl, era un hombre que no tenía mayores preocupaciones en la vida, iba de la casa al trabajo y viceversa, monótono al 95%. Hoy, ese mismo ser impávido estaba ahí, sudando la gota gorda y muerto de cansancio, con una chanchita bailarina que se movía como chinchana con el Alcatraz.

¡Cómo nos cambió la vida! ¿Y saben por qué? ¡Porque Papá Dios nos eligió para ser padres, y no nos cambiaríamos por nadie! Esos chispazos, aventuras, golpes, experiencias, berrinchitos, nos hacen sentir vivos. A mí me hacen sentir viva, útil, que soy capaz de dejarle algo bueno a este mundo podrido. Y si el precio es esta barrigota, los múltiples viajes al baño y un clóset lleno de ropa sin usar, pago, pago el doble y con intereses.

Hoy, al final de misa, entendí lo que Dios quería hacer con mi dolor: un delicioso pastel llamado “familia”.

Un comentario en “¿Pagas por tu familia?

  1. Es el milagro de la maternidad con sus hormonas a la n potencia que protagonizan estos altos y bajones; sensaciones gratas e inexplicables que al paso de tiempo viendo a tus hijos grandes e independientes, los recordarás con especial nostalgia y profundo agradecimiento a Father Dios. Que te invitó a ser parte de este maravilloso plan: mamá por siempre.

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