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El Hada de los Dientes y mi lucha contra el reloj

Estoy realmente HARTA de correr y llegar tarde a todo. Creo que cuando me muera, mis hijos pondrán en mi lápida: “Esposa abnegada, madre amorosa y mujer apurada”. No importa con cuánta antelación prepare las cosas, siempre es la misma historia. Run, Majo, run.

mama apurada

Y aun así, tengo la osadía de agendar cosas: cumpleaños, visitas, compras, etc. El sábado el plan era llevar a Cristina a una odontopediatra llamada “El Hada de los Dientes” -un clásico de Peppa Pig que te juego aquí– para ver cómo andaba su salud bucal, y que viviera la misma experiencia de la cerdita famosa en “El Dentista”.

Nunca antes la había llevado al dentista y temía que huyera despavorida, como cada vez que le toca doctor. Sin embargo, el pretexto de conocer al Hada de los Dientes resultaba esperanzador.

La cita era a las 11 am pero, como dice la canción, todo se derrumbó y salimos… a las 11 am. Google Maps me dijo que llegaría en 22 minutos. Seee, seguro. Soy una bestia sin ubicaína y me perdí en un camino que me sé de memoria JUSTO cuando a Rafi le entró hambre. Waaaaaa, waaaaa… Me repetí que no volvería a hacer planes, que no, nunca más, que al menos los fines de semana viviría sin agenda.

Gracias a Dios y a mi esposo, que siempre pone la calma, logré hacer el bibe en dos semáforos y la paz volvió. Y llegamos al consultorio del Hada de los Dientes.

No les puedo explicar lo maravilloso que fue. La sala de espera estaba ¡llena de juguetes!

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La Dra. Agueda Cáceres es la responsable de tanta ilusión. Después de jugar un ratito, Cris entró súper tranquila y se sentó en la silla de lo más normal. La doctora se puso una mascarilla naranja muy graciosa y le entregó a mi peque la Barbie Hada de los Dientes, con alas y todo. Para ella fue alucinante, y creo que tanto alucinó que abrió la boca, se dejó hacer profilaxis y hasta disfrutó el flúor. Yo estaba boquiabierta, y quizás por eso Agueda aprovechó para meter mano en mis dientes también, je.

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Muy delicada, prolija, cuidadosa. Cristina esperó feliz a que me atendiera y, antes de salir, recibió globos de premio por haber sido una valiente. Ella se atrevió a vivir su ilusión… su ilusión de conocer a un personaje de sus videos y de sus sueños. Mi hija me dio una gran lección (o yo a ella, o mutuamente): ¡Atrévete te te! Es la condición indispensable para las aventuras… y mi familia es una mancha matriaventurera, sin duda.

el hada de los dientes

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