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No soy perfecta… pero lo quiero intentar por ti

No recuerdo ni cuándo exactamente fue. Solo que al día siguiente tenía que trabajar. Mi pequeña Cristina, de 3 años, se despertó a la 1:20 am. Le di su bibe -seeee, todavía toma bibe, más para relajarse que por la leche en sí misma- y en lugar de volver a dormir, dijo: “Mamá, ¿vemos videos?”.

Dios, no… no, por favor…

Como hay unos videos que le gustan y que son medio somníferos, accedí. Mientras no se bajara de la cama y se mantuviera muy cerca de su almohada, todo estaría controlado. Yo me moría de sueño, así que le pedí que me dejara echarme en su cama con ella.

– No, mamá, es que yo voy a dormir acá.

What?

– Cristina, pero tengo sueño. Si no te arrimas, me voy.

– Ya, está bien.

¡Carijo! Encima tenía que mendigar colchón a esa hora… pero vamos, Majo, tienes que usar el cerebro frontal, el encargado del autocontrol, la autorregulación, la paz. Calma, ya volverá a dormir.

Y el reloj marcó las 2 am.

Y las 3 am.

Y las 4 am.

¿Qué hicimos durante ese tiempo? Me cabeceé, escuché “sus cuentos” (historias inventadas por ella a partir de álbumes de fotos), le puse 30 mil videos… Y pensé: “Mi hija tiene insomnio hoy. No la puedo dejar sola con su lucha por dormir -tenía sueño, pero había algo que la activaba y no lograba quedarse dormida-. Soy una mamá power y ella me necesita. Fuerza, Perú”.

Y como a las 4 am, nos quedamos dormidas abrazadas. Cuando me desperté y la quise acomodar, ¡¡¡waaaaa!!! Se arrancó a llorar. Yo empecé a gritar “¡ya duérmete!”, y ella lloró más.

Y dieron las 5 am.

Volvió a quedarse dormida, cansada de tantas lágrimas. Me fui a mi cama súper molesta, no con ella sino conmigo. ¡Había aguantado tanto tiempo, me había mantenido serena por horas, y justo al final mandé a la michi todo el esfuerzo! ¡Qué burra!

Un rato después, se levantó -ya era de día- y nos alistamos todos. Cuando la despedí para que fuera a su nido, le dije: “Hijita, recuerda que yo siempre estaré contigo. No importa lo que pase, yo estaré contigo. No debí gritarte anoche, perdóname”.

-Mamá, ya no voy a llorar.

Láaaaagrimas brotan de mis ojos…

Me sorprendió mi pequeña, la verdad. Tiene solo 3 años, y es tan jodida… pero tan madura, la mayor parte del tiempo. Lo suyo fue un “tú te equivocaste, mamá… pero yo también”.

Creo que ninguna mamá es perfecta. Yo quise serlo al menos por una noche, y no lo logré. Me esforzaré, lo prometo, me esforzaré la próxima vez, no porque quiera sentirme súper mamá -cosa que nunca seré- sino porque mi niña, mis dos bebés, lo merecen y necesitan.

La imperfección natural de todo ser humano no es excusa. Me voy a esforzar.

mama imperfecta

 

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