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Y un día, la princesa dejó de llorar

Durante los primeros meses de Rafael, mi pequeña Cris la pasó muy mal. Muy mal, realmente. Una noche no pude más y lo conté en este post: “Ya no llores, princesa”.

Todas las noches, Cristina gemía y lloraba durante mucho rato. No dejaba mi cama, no sabía cómo calmarla, hasta que entendí -mejor dicho, una amiga psicóloga me dijo- que estaba estresada. Esos llantos eran pura catarsis de sus pequeñas tragedias del día -Dios sabría cuáles eran- y lo único que podía hacer era acompañarla, abrazarla, contenerla. Entender que yo también soy así de catársica, de sensible, de trágica, aunque he aprendido a controlarme.

Sí, pues, madre… lo que se hereda no se hurta.

Una tarde, ocurrió el milagro. Yo le llamo “milagro” porque no sé cómo pasó, no sé qué hice, no sé qué le ocurrió a ella. El tema es que se bañó y me dijo: “Mami, quiero ir a mi camita”.

¡PATITAS PA QUE TE QUIERO!, la llevé volando a su cama

Me pidió ver sus videos somníferos, su bibe viejo y quemado, y se durmió.

Se durmió… ¡SOLAAA!

Y así, ya ha pasado más de un mes. Ahora ya ni pide ver videos, ahora solo conversamos, le digo cuánto la quiero, le cuento alguna historia de cuando era bebé o el “había una vez” que permite inventar cualquier floro. Justo hoy me pidió ver a sus abuelos de España y, como están durmiendo, le ofrecí poner el Skype en otro momento. Hablamos sobre las charlas con su abuelita, por Skype, y le conté que ahora mis abuelos están con la Virgen María. Cogió su estampita, la quedó mirando y asintió con la cabeza.

Cristina no ha vuelto a mi cama: Es feliz en la suya. Ni siquiera me deja echarme con ella, no, no, mamá, esta cama es para mí, tú quédate en el banquito -ya imaginarán que mi espalda pide auxilio, socorro, etc.-.

matriaventuras

O sea, ¿ya todo es de color rosa?

No, querida. Hay noches en que le da insomnio -pocas, felizmente- y yoni pachecho soy la llamada a acompañarla. Otras veces quiere bibe, y así. Lo que sí se ha ido esfumando lentamente es mi miedo a la noche. A sus llantos que me matan, a mi sentimiento de culpa por no saber cómo aliviarla, a no tener la fuerza suficiente para mantenerme de pie.

Quizás fue que me encontró cansada, tan cansada que parecía relajada. O mi santo favorito, Isidoro Zorzano, con sus dotes de nano, no sé. El punto es que la princesa dejó de llorar:* Todo se pasa, Dios no se muda.

* Dejó de llorar en la noche, al menos… en el día, uff, si los vecinos hablaran… pero esas ya son rabietillas, de las cuales compartiremos otro día, porque ahora quien llora por su leche es Rafael.

Un comentario en “Y un día, la princesa dejó de llorar

  1. Majo, situaciones de este tipo encontrarás varias en el camino, a mi me ha pasado con mis hijos, lo que he aprendido es a tranquilizarme y a ponerme a rezar; eso me ha dado mucha más serenidad y las cosas pasan no sabes como, pero pasan…..

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