CrianzaDisciplina Positiva

¿Cuánto respetas a tus peques?

Siempre deseé con ansias que existiera un manual tipo Vademecum para educar a los hijos. Vieran cuántos libros sobre el tema tengo en mi casa, pff… Pero nada me ha sabido nunca suficiente, ni siquiera como referencia. Es que nadie se pone de acuerdo, cada autor tiene su propio rollo, su propia propuesta, muy complicados para alguien a quien no le gustan las generalidades, como yo.

Hasta que conocí la Disciplina Positiva.

Mi primera clase fue durante uno de los tantos cursos de crianza que he llevado, en la Universidad de Piura y en Educando con Amor. Quedé cautivada porque todo tenía un sentido, todo tenía un sustento real, natural, lógico. La vida tal como es, tal como tú y yo la vivimos.

Prometí contarte cómo me está cambiando la vida, así que ahí te va el primer fascículo de la colección.

Todos queremos sentir que pertenecemos. ¿Quién no tiene un grupo de Whatsapp de… whatever: Familia, amigas de la promoción del cole, mamás del nido, etc.? Aunque a veces fastidie la cantidad de mensajes que llegan, en el fondo estamos felices de ser parte de una comunidad que se apoya, se ayuda, se comunica, y donde tenemos un rol: la organizadora, la que envía fotos, la que mete chacota…

Pues el primer gran grupo y el más importante al que uno pertenece desde que nace es la familia.

Nuestros bebés sienten lo mismo. Quieren pertenecer. Quieren sentir que tienen un lugar en la familia, que hay conexión: Una mamá que los acurruca, un hermano que los hace reír, un papá que los lanza al aire. Cuando ya son un poco más conscientes de la dinámica familiar en la casa, quieren además que los tomemos en cuenta. Me he expresado mal: No solo quieren, NECESITAN, para sentirse seguros, amados y respetados.

RESPETO, con negrita, subrayado y cursiva.

Cuando no sienten eso -y digo “sienten” porque en los niños lo emocional es muy fuerte-, ¿qué pasa?: “Mamáaaaa, me caí” (o sea, ven pronto a cargarme, aliviarme, apachurrarme, ponerme la curita, aunque no tenga ni medio raspón). “Mamáaaa, ¡quiero pichi! -una pichi no inminente, claro- (igual a= Atiéndeme, méteme dentro de tus actividades). Eso en el mejor de los casos, más recurrente es el “mamáaaa, quiero ir al paaarque” justo cuando te llaman por teléfono, o no querer levantarse, hacer las tareas, comer, bañarse, etc.

Ni qué decir de las rabietas. “Qué malcriados estos, con todo lo que nos esforzamos por darles lo mejor”, pensamos, porque es el chip que tenemos en la cabeza acerca de la educación: Yo soy la mamá, yo soy la autoridad, él me tiene que obedecer, las reglas las pongo yo -con papá, si lo hay, claro está-. O sea: Niño “que se porta bien” igual a bueno, niño que expresa sus emociones negativas con pataletas, igual a malcriado, engreído, caprichoso.

¿No sería mejor respetarlos y respetarnos, evitar la lucha de poderes?

Piénsalo.

Para hacerlo sentirse parte y reconocido, van un par de tips:

Pregúntale cómo quiere hacer las cosas, dentro de las posibilidades que como padres han considerado (o sea, tampoco es Woodstock la cosa). La primera vez que apliqué esto con Cristina se quedó lela. Fue una mañana, hacía frío, estaba sin medias y obviamente, quería que se las pusiera.

-Cristina, ponte tus medias.

– No quiero.

Saqué de su cajón dos pares, uno de blancas y otro de rosadas.

– ¿Prefieres las blancas o las rosadas?

Silencio. Quizás pensó “¿y dónde está la mandona?” “¿Estará drogada mi mamá?

– Las de color rosa.

Y se las puso.

Dale un encargo. Encargos chiquitos, pero que sean suyos y que sean importantes para la casa (orden, horarios, etc.) de tal manera que el niño, en consecuencia, se sienta importante. Para empezar con la encargadera, compré un gancho que se pega en la pared y lo puse al lado de la puerta, a la altura de Cristina, como perchero. Cuando llega del nido, cuelga ahí su bolso con cosas (lonchera, agenda, etc.). Puede parecer una tontería pero le encanta el asunto.

disciplina positiva

El tercer tip va en el siguiente número ;). ¡Nos vemos! (Me cuentan cuando apliquen, ¿ah?).

 

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