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Ir a la pelu también es educar

“El autocuidado no es egoísmo, es responsabilidad… ¡Sin culpas!”.

Esto lo escuché hace unos días, en otra de mis tantas clases de Disciplina Positiva. Lo compartí contigo en el fan page de Mamá Majo porque es una de las cosas más fuertes e importantes que aprendí desde que empecé a meterme en esta cuestión.

Pensar en ti. Engreírte. ¡Por Dios, si eso es casi satánico! Ninguna mamá tiene derecho a pintarse las uñas -si acaso, mientras esperas que cambie el semáforo de Canaval y Moreyra que dura 170 segundos-. ¿Salir a caminar sola? ¿Adónde, si tu lugar es tu casa, al lado de tu marido y tus hijos? Esto que parece del siglo XVI, pasa en nuestros días. Pasa y tú lo sabes. Pasa porque cuando te vas a hacer el laciado con keratina, que dura su par de horas, te sientes culpable por la ausencia. Pasa porque tomarte un café con una amiga está en la lista 35 de tus prioridades.

Pero la cosa no debe ser así. Vao a ver por qué.

Dedicar un tiempo a hacer lo que más te gusta, lo que te relaja, lo que te llena -desde hacerse balayage hasta ir a un retiro espiritual- no debe ser una cuestión de engreimiento o capricho para ti, mamá que quiere que sus hijos sean felices, sino una una estrategia para lograr el bienestar de tu familia.

Dibujito explicativo:

Este es nuestro cerebro, representado con una mano.

disciplina positiva

La parte de la palma es la “reptílica”, es decir, la encargada de atacar -grrrrr- o de huir cuando viene el peligro. La parte media de los dedos es la relacionada con las emociones, y las uñas negritas son las que nos hacen racionales (las que regulan al reptil).

Explicado de manera menos escolar, aquí:

Esa mano, que es nuestro cerebro, se abre y cierra siempre: Cuando estás histérica y neurótica y al borde de lanzar al balcón a todas las Barbies juntas, tu cerebro está DESTAPADO, con el reptil en su esplendor. Estado: Mamá reptil. Cuando el puño está cerrado, eres capaz de decidir con la inteligencia, mantener la calma y perdonar al benjamín que rayó la pantalla de tu iPhone 6s. Estado: Mamá dopada positiva.

Lo último antes de ir al grano: Tenemos neuronas espejo. ¡Y qué es eso! Son bichitos responsables de que tendamos a repetir la conducta de la persona con la que interactuamos.

Al grano: Si interactúas con tu hijo en estado “mamá reptil”, debido a las neuronas espejo, ¿qué pasará? Taráaaa… El niño también se destapará y se desatará la guerra del Golfo.

Bacán la cosa, pero es imposible que llegue la noche y no quiera atacar ¡o huir! ¡Es que pasan tantas cosas en el día!

Wujuuu, llegamos al inicio de la madeja: Para que tus hijos te encuentren en estado de “mamá positiva”, tienes que hacer algo, algo que solo tú sabes porque es muy personal: Tomar un baño, salir a correr 30 minutos, ver tu novela por You Tube o navegar un rato por la app de Zara.

¡Pero eso es descuidar a mis hijos!

Cha que… revisa todo lo anterior: Cerebro como un puño, neuronas espejo… Si le dices a tu Chucky: “¡Cáaaalmaaaateeee!” -me pasa sieeempre-, la reptila despertará al reptilo. Si le hablas en un tono amable, si lo ayudas a calmarse y LUEGO le explicas que no estuvo bien tal cosa o la otra, créeme que la vida será otra: Te ahorrarás el amargón, cuidarás sus cuerdas vocales -¡qué capacidad de gritar de los niños!- y él, desde chiquito, estará aprendiendo técnicas para controlar sus emociones.

Buf, creo que ya está. Seguiremos conversando sobre esto, en el próximo fascículo. ¡Nos vemos!

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