Crianza

La mamá desastre del nido

Cuando llega febrero, me afano mal con el inicio de clases (Cristina ya va al nido). Van dos años en los que le hago etiquetas personalizadas de sus personajes favoritos, forro sus libros hasta la madrugada, le pongo nombre a su uniforme con una cuestión que no se despinta con las lavadas… Me encanta la cosa. La lonchera nueva, el olor del mandil de Arte, las zapatillas blanquisisísimas del primer día.

Meses después, me pregunto que fue de mí. No me enorgullezco de esto, pero la verdad es que soy la típica mamá desastre del nido, la oveja negra del salón. Nadie me lo ha dicho porque todas son bien buenas, pero, como dice la canción, me grita la conciencia.

No hago loncheras nutritivas. En realidad, no hago la lonchera. La hace mi esposo y siempre la fórmula (escrita en la refri) es: cereal + fruta. A veces le pone medio kilo de hojuelas de maíz y dos plátanos -comprenderán que Cristina no se los termina y fácil queda en roche-. Ni pancitos decorados, ni huevo en forma de carita feliz, ni líquido distinto del agua.

preescolar

Muchas veces recuerdo un poco tarde que tenía que repasar con la chanchis el número 3. Felizmente, tiene papá que sí está pendiente del tema y, en equipo, hacemos lo que buenamente podemos -no lo que responsablemente deberíamos-.

Ni qué decir de las cosas que a veces tiene que llevar mi beba: premio para la tómbola, material de manualidades, un cartel para desfilar… Cuando la dejaba en el nido por las mañanas, debía correr luego para comprar el encargo olvidado antes de ir a trabajar. Ahora ni la llevo ni la recojo; con 3 años, viene en movilidad a la cual, dicho sea de paso, aún no pago este mes.

Podría relajarme y decir “bahhh, no pasa nada”, pero no quiero que cuando sea grande recuerde solo hojuelas de maíz y el polo azul que no llevó el día indicado. En realidad, creo que ella valora mucho más otras cosas, como los post it que le dejaba en la lonchera a comienzo de año diciendo: “Mamá te quiere”. Pero, por si acaso, mejor empiezo a esmerarme y hacer realidad, en los detalles de su vida preescolar, aquello de que mamá la quiere. Y mucho.

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