Los gastos (¿necesarios?) de las madres

No hablaré de la leche, los pañales o la ropa interior, qué aburrido. Vamos a recordar, mejor, las cosas lindis y bonis que les compramos a nuestros chukys chiquis… esas que se presentan ante nuestros ojos -porque jamás las buscamos, ¿no? ellas se cruzan en nuestro camino- y nos hacen latir el corazón, chillar discretamente “aaaahhh” y meter la mano a la cartera:

  • El disfraz de Spider Man que incluye disparador de telaraña… y solo usará una vez (bueno, ok, 3 veces).
  • La falda de invierno tipo pollera cool que encontraste en Zara… durante el sudoroso verano.
  • El tutú rojo perfecto para la noche de Navidad… que le quitarás antes de las 8 pm, cuando se quede dormida.
  • El pantalón mil bolsillos tendencia militar… que solo le durará un mes, porque es exactamente la talla que tu bebé churro está a punto de dejar (¡pero está bellísimo!).

Y, por supuesto, ¡los útiles! No me digan que el olor a Vinifan, a caja de colores nuevecitos, a cinta scotch mágica 3M, no les encanta. Mejor aún -todo eso es muy básico-: las crayolas con cera de abeja, la goma escarchada que parece glowstick o la colección de lápices de Princesas.

Confiesen: cuando se trata de los peques, muchas veces, nos desfalcamos. Confiesen que este año han comprado una lonchera nueva sin ser necesaria; que las zapatillas blancas todavía les quedan pero las de Adidas 2017 (o Puma, o Nike, o etc.) nos llenan más los ojos…  ¡Yo, sí!

Lo siento, señora austeridad, lo siento, pero es que la lonchera de mi Cris ya tenía un par de raspaduras… y esta de Ladybug es de modelo ergonómico… y no pesará tanto si además le compro una botellita delgada… y tiene espacio como para poner más de un táper… Está bien, basta de engaños: esa lonchera me hacía la misma ilusión que a ella (o más, porque cuando se la entregué emocionada hasta la histeria, se alegró y luego me dijo: “Mamá, ¿y mi lonchera de Peppa?”).

Todo esto me genera un rollo mental porque mi esposo y yo queremos educar a nuestros hijos en la sobriedad; que solo compren lo necesario, que guarden pan para mayo. Que cuiden las cosas para no tener que descartarlas tan rápido, que lo que ya no se usa y está en buen estado se puede regalar a la gente con menos recursos económicos -más aún: que pueden prescindir o desprenderse de algo valioso y entregarlo, no solo lo que ya no les sirve- y que lo material es bueno en tanto nos ayuda a ser mejores personas. Pero claro: mi ejemplo -lo que más puede educar a un niño- no es, ni de lejos, el mejor.

 

Como dice Cristina: oooookeeeey. Basta ya de mea culpa y más acción. Nueva promesa del 2017: Gastar solo en lo necesario, sin rayar en la tacañería, y usar mi creatividad para tener bellos a mis tesoros. Sí, madres comprantes como yo, creatividad para lucir bien, oler rico y derramar lisura como la Flor de la Canela… porque ser austero (y eso también espero que lo aprendan mis enanos) no quiere decir andar con el mismo pantalón toda la semana o usar solo ganchos de fierro color negro a 50 x 5 soles. No, en este mundo que los hombres hemos puesto feo, donde hay mucha pobreza, maldad, codicia, guerras, alguien tiene que poner la sonrisa y la esperanza adornadas de lazos en el pelo y olor a frutas frescas, para que se adhieran mejor y rindan más.

Oooookey, Majo, a por ello.

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