Mujer mamá

No más dietas, mamá

Donde trabajo, nos ofrecen consultas nutricionales gratuitas. He ido un par de veces y no he vuelto jamás porque para deprimirme y frustrarme, basta con mi insomnio y mi incapacidad de hacer que mis días duren 30 horas.

Esta semana, sin embargo, me apunté para ir hoy. El sábado, sin embargo, he decidido abortar la misión. ¿Para qué? Si ya sé que soy un mini ropero, que nunca cumpliré la dieta porque no tengo tiempo de preparar humus de garbanzo o tortillas mil verduras, y que la verdad ya me llegó luchar por ser la que fui y la que no soy… con lo que vine ayer -10 kg menos- no estoy, ni me voy, parafraseando a Ale Sanz.

Ya tienes 37 años, pues, mamita, me dije. Tu metabolismo cambió a los 30, o poco antes. Y cambió más cuando llegó #minimajo Cristina y #miniabuelos Rafael. Ya puedo hacer mil planchas en un día, pero si eso me va a quitar los pocos minutos que tengo para besuquear a mis chanchitos, no way, José, no way. A lo mucho, salir con ellos a caminar, y ahí me quedo.

Que coma saludable: sí, ahí vamos. Que haga ejercicio: en proceso, también. No quiero ser Mamá Pig, tampoco, y menos aún deteriorar mi salud por un pollo a la brasa. Además, mis cachetitos hechiceros se reducen con Photoshop o alguna app de embellecimiento, si lo que quiero es tener fotos autoestimantes -no tengo vergüenza de decirlo, que tire la primera piedra quien no ha usado nuuunca un filtro en su celular o ha pedido que le tomen otra vez una foto porque sale mal-.

Después de tanto palabreo, diré la verdad de la milanesa:

¡Me encanta comer!

Bueno, además de mi estómago caprichoso y mi amado esposo, quien me motivó a luchar por querer mi nuevo cuerpo tal como es se llama Meg Meeker. Es una pediatra de USA experta en temas de educación, que hace años escribió un libro llamado Los 10 hábitos de las madres felices. Y dice así:

“(…) hemos empleado demasiado tiempo, dinero y energías en cosas que, en comparación, importan muy poco. Necesitamos estar a solas, no más dietas. Necesitamos atender a nuestra vida espiritual, mucho más importante que apuntar a nuestro hijo a otra actividad. Necesitamos esperanza, pues solo eso nos hará estar más tranquilas”.

Sí, pues: tiempo, dinero, esfuerzo. Basta ya. Aunque parezca una botella de Coca Cola invertida, hay cosas más importantes en las cuales meter cabeza.

Dicho esto, Padre Nuestro, que siempre me cierren los pantalones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *