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Mamá catatónica

Como cuando tienes mil cosas que hacer y no sabes por dónde empezar. Y no solo eso: no puedes empezar, porque tienes miedo, y el miedo paraliza. Si acaso, piensas en los temas generales: A, B, C. Y ahí te quedas porque si enciendes el botón, abrirás la puerta a un laberinto que requiere días de 30 horas. Te persiguen las necesidades materiales, pero más aún las espirituales: Dios, ¿dónde estás? Mañana Cristina empieza evaluaciones en el nido y no hemos repasado NADA. De NADA. Sé escribir cuentos y poemas, pero no logro hábitos en mi hija mayor. Se acerca su cumpleaños y no he invitado ni a las moscas. Y mejor no enciendo más botones porque ya el Tramadol no me hace efecto. ¿Cómo se logra, Señor? Hoy Tú resucitaste para mí, pero yo no estoy. O sea, estoy pero con el cerebro en la caja de la nada, para no ahogarme en el todo. Felizmente alcancé a comprarle pijamas nuevas a Rafael… las cuales no veré en la semana porque cuando llego, mi bebé ya está dormido.

Y, en breve, a sonreír de nuevo.

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