La grasa ya no me hace gracia

Hace un tiempo, en un evento de mi trabajo, conocí a un coach de esos que te dan una especie de guion para vivir. Sin querer, terminé recibiendo un microsermón que, en ese momento, me supo bien, pero de ahí a aplicarme la lección, nada. Me dijo: “Bueno tú sientes esto -no recuerdo bien qué-. ¿Qué estás haciendo al respecto?”.

Ayer, me sentí casi obligada moralmente a abrir el cuaderno y repasar. Había ido a renovar mi licencia de conducir y, durante el examen médico, salió que tenía 10 kg de más. En realidad, pues, ya lo sabía, e incluso ya me había resignado a mi nueva yo para quitarme un problema de encima. Sin embargo, creo que todo eso fue un querer tapar el sol con un dedo. ¡Desde siempre me ha preocupado mi peso! ¿Por qué ahora tiene que ser diferente?

Decidí enfrentar mi asunto: ok, Majo, no te sientes bien contigo misma físicamente. Sigues usando camisetas tipo faja, te sigue costando pasar el jabón sobre la barriga moluscosa y solo miras al espejo de cuello para arriba. Y ¿qué estás haciendo al respecto?

He intentado cosas como dietas milagrosas, pastillas quemagrasa y bla bla. Y todo ha sido eso: bla bla. Confieso que he tirado la toalla muy rápido, que no he puesto el esfuerzo necesario y que he tenido una voluntad gelatinosa. Basta, basta ya. No más excusas. Si me sintiera bien siendo gordita, no escribiría estas cosas, pero no es así. Me cuesta ver mis fotos de antes, me cuesta sentir que mi espalda de Hulk hace que mis abrigos ricos me aprieten. Basta ya.

Siento que es el primer paso de una especie de examen de conciencia de mi vida. Toda mamá que trabaja, dentro o fuera de casa, vive cansada. Es normal y no me parece bien sobreexigirnos; pero tampoco podemos llegar al extremo -como sí me ha ocurrido a mí este último mes que he desaparecido de la blogósfera- de llegar a casa, atender a los ñaños, ponerse la pijama y buenas noches los pastores. ¡Hay tanto por hacer en este mundo! Y no lo digo en el plan carpe diem o en el de las personas que piensan que deben experimentar todo y de todo porque la vida es muy corta. Yo me refiero a que muchas veces las mamás nos quedamos en el gallinero y ahí se acaba nuestro mundo.

No, compañeras. Todas tenemos amigas, pasiones, aficiones, sueños, metas, que no se contraponen con la vida familiar. Al contrario, si hacemos a nuestros maridos e hijos parte de nuestros proyectos, habremos ganado los más importantes socios estratégicos.

Ya les iré contando mis progresos con la balanza. May the force be with me. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *