Mujer mamá

Para ti, mamá que chambeas

Este año, más de una amiga que es mamá ha renunciado a su trabajo, porque ha sentido que le estaba dedicando muy pocas horas del día a sus hijos. Les costó, y mucho, ya que necesitaban el dinero para mantener la casa, pero tomaron la difícil decisión y, realmente, las admiro.

Las admiro porque aunque es mucho más reconfortante estar en todos los momentos importantes de los hijos -el primer paso, el primer día de nido, la salida del colegio-, sé que en el fondo desearían hacer algo más por unas horas, como ejercer su profesión o tener un negocio propio. ¡Es que las mujeres tenemos tanto potencial!

Pero la sociedad en la que vivimos es injusta: en lugar de reconocer nuestro talento multitask y nuestro rol relevante en la familia -seamos sinceros: papá es irreemplazable, pero quien tiene el don de dirigir el hogar es mamá, fuera de todo feminismo, machismo o mamismo-, nos pide elegir entre el todo y el nada: o estás 24/7 en tu casa o te atienes a un empleo demandante, al que no le importa si te quedas a trabajar hasta las diez de la noche pues tu familia, tus hijos, son tu problema, no de él.

No creo en el karma y en que si uno hace mal, ese mal se recibe de vuelta. Sin embargo, es precisamente eso lo que las empresas -y la sociedad, en general- hacen hoy en día: escupir al cielo. No se dan cuenta de que 1) esas madres que renuncian suponen la pérdida de un activo muy valioso para cualquier organización -¿quién más organizada, sacrificada y fiel que una madre? ¡Ya, pues!- y 2) esos hijos que no ven a sus padres -porque si a la mujer se le exige, al hombre ni se diga- están creciendo con una carencia que pasará factura cuando les toque ser quienes decidan el futuro del país -ese país en el cual esas empresas tendrán que funcionar, ejem-.

De parte de las mamás, hay otro issue importante: la culpabilidad, que puede influir en la salud mental de ella y su familia, como efecto abanico. Claro, porque hay algunas que pueden renunciar, pero hay otras que no: necesitan el dinero, necesitan cambiar de actividad, necesitan sacar adelante ese emprendimiento que tienen entre manos, y no falta quien las etiquete -nos etiquete, me sumo- como “malas madres”. O sea, una que se esfuerza para llegar al presupuesto familiar, una que sale volando como puede de la ofi para llegar a hacer las tareas con el peque; una que no tiene after office ni gimnasio por estar en casa el mayor tiempo posible… ¡y encima vienen a decirnos “malas madres”! No, pues, no. No se vale.

No estoy diciendo que viva la libertad y viva la independencia, y que hagamos de nuestra vida lo que queramos: por propia decisión (o no, pero nos tocó), somos esposas y madres de familia, lo cual conlleva una responsabilidad -y cada quien sabrá qué implica esta-. Pero no es solidario dedicarse a juzgar, en lugar de apoyar, cuando no se conocen las batallas internas que una libra cada día por criar hijos felices y cumplir, a la vez, los deberes -o anhelos- profesionales.

Por eso, desde el 2018 este blog estará dedicado a promover la conciliación trabajo – familia, a apoyar a la mamá emprendedora y a la que es criticada injustamente debido a esta causa. No nos dejemos vencer ni por la sociedad ni por las empresas que no reconocen nuestro real valor. Si tienes que renunciar porque alguna situación familiar lo requiere o simplemente porque te da la gana, hazlo; pero que no sea por culpa o por el qué dirán.

La familia es lo primero, las madres merecemos respeto y apoyo y ya es hora de hacerlo saber al mundo. Hacia eso vamos.

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