CrianzaMujer mamá

La más emocionada con el cole ¡soy yo!

No acabamos enero y ya estoy pensando en el regreso al nido de mis dos critters. Por un lado, no quisiera que llegue el día… me da una mega pereza solo de pensar en cómo son las mañanas antes de depositarlos. Hay que levantar a los ociosos (incluida yo), hacer que se cepillen los dientes, apurarlos para que salgan… horror y terror.

 

 

Luego vienen las tareas, las notitas de “mamis y papis, necesitamos que traigan para mañana 35.8 cm de papel del lija” (casi como Ferrando a cambio de la cocina Surge) y ¡la plata que se gasta uno en las pensiones! Ni qué decir cuando les crece el pie a los tres meses de haber comenzado las clases y tu inversión en zapatillas Adidas se va al tacho, bye byyyye!

Pero, en la otra esquina de mí, confieso que me siento emocionada de comprarle su uniforme a mi bebé menor, del estrés que causa conseguir los 345 millones de útiles que piden (¡y que huelen delicioso cuando están nuevos!), de las etiquetas lindas que les he mandado a hacer, de buscar una nueva lonchera para Cris… ¡de forrar sus libros! (sí, los piojos usan libros, hasta la última hoja… en su nido, las misses son más chamba que jalador de combi).

(Ok, soy una marciana en eso de la forradera, todo el mundo la odia, pero a mí me encanta el Vinifan limpito y la cinta Scotch mate, jiji).

 

 

Ya estoy ansiando el día de llevarlos a la peluquería para que entren al nido con nuevo look, regios, puestísimos y elegantes… expectativa vs realidad, claro, porque con tanto rulo que tienen va a ser un poco difícil almidonarles la cabeza… y, de hecho, ¡de hecho! ensuciarán el blanquísimo polo con mantequilla o una cosa de esas.

Son emociones encontradas, sin duda. Después, me verán llorando en las cantinas por el Journal que se ensucia y se deshoja y se rompe sin remedio… ¡y las zapatillas! Una las compra color ángel y ni con car wash vuelven a ser las mismas.

Emociones, sí, que al fin y al cabo son solo eso. Las mismas que sentí de niña con mi cartuchera nueva de Fresita o, en la adolescencia, con mi anhelada mochila Jansport. Con los zapatos de cuero que me dejaban ampollas los primeros días y el fantástico lazo azul que solo duró una semana antes de perderse. Emociones.

Lo que verdaderamente importa es que mis niños -tus niños- crezcan sanos y sean felices. Que la propuesta educativa que elijas sea la más enriquecedora para ellos y apoye tu proyecto familiar. Dificultades siempre habrá, pero, ¿y? Una vez me enseñaron que lo que vale, cuesta. Cuesta (en todo sentido) que vuelvan al cole, pero qué rico que huelen el Vinifan limpito y la cinta Scotch mate, jiji.

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