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Los agotadores pero necesarios freelos

Ya no tengo la misma capacidad de antes para hacer freelos nocturnos. Ahora me quedo dormida a los 10 minutos de empezar, si no es antes. Dejo la compu prendida con la ilusión de retomar luego de descansar un rato, pero es inútil.

 

El problema es que necesitamos el dinero, o sea, no puedo darme el lujo de decir “basta ya, no más”. De olvidarme de las cuentas porque, bah, se pagan solas. Una deuda arrastra otra y, así, querida, no se puede vivir.

Seguro te pasa lo mismo. Como dependiente, estiras la noche luego de tu horario de trabajo; y si eres independiente, simplemente el reloj no existe.

¿Estás cansada? Yo también. Es curioso, pero queremos generar ingresos para nuestra familia y, en el camino, terminamos afectándola con nuestra ausencia (podemos estar en la casa y, a la vez, no estar, porque nuestra cabeza está en… los números, lo que nos falta por hacer, el cole que falta por pagar).

¿Soluciones? Solo se me ocurre un paliativo (la Tinka es lo que realmente necesito): empezar a ser más estratégica. Dedicarme a lo que rinde más en menos tiempo. Dejar de aceptar todo lo que cae solo porque viene con un cheque adjunto. Manejar fechas de entrega que no me ahorquen. Y buscar más (todavía más) la forma de disminuir los gastos.

Claro está que, a todo esto, se une la fe en Papá Dios y esa pegajosa musiquita que dice que todo va a estar bien, todo va a estar bien… pase lo que pase.

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