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¿Consejos? para sobrevivir al primer día de clases

Como si no hubiera pasado ya por esto, hoy, en el primer día de nido de mi #terribletwos, me entró una ansiedad terrible por que su llanto se acabara y fuera el Rafi risueño y ricotón que conocemos. Al volver -estuve con él toda la tortuosa mañana-, busqué en Internet artículos sobre cómo ayudarlo -y ayudarme, je-. Créanme que parecían sacados de la misma fuente, ¡decían casi lo mismo! Esos copy-paste resultan, al final, tan estandarizados, que no ayudan para nada. Por eso decidí recurrir a lo que aprendí en La Tarumba, durante una charla que nos dieron antes de que los niños comenzaran el taller de verano:

1. Ponte en su lugar. Tú, como adulta, tienes muchas vivencias guardadas en tu memoria. Si te invitan a una fiesta, la incertidumbre ante lo desconocido no es muy grande, porque por lo menos sabes cómo vestirte, sabes que bailarás, sabes que habrá alcohol, etc. En cambio, ante una situación nueva, un niño chiquito no tiene tanto “pasado” del cual cogerse. Por eso, entrar a un lugar nuevo, con gente nueva, una mujer grande -nuestros bebés no miden ni un metro- que les dice en voz alta “¡bieeenveniiiido!” y el sinfín de alharacas propias de la educación inicial, les genera a los peques una serie de sentimientos encontrados que no saben cómo manejar: miedo, angustia, incertidumbre… alegría -es bonito lo que hacen las misses, ¿no?-, emoción, etc. Entonces, es normal que, en mayor o menor grado, la reacción inicial no sea la de portada de Coquito. No esperes que adapte a la nueva situación en 5 minutos -y si lo hace, bien por él, pero no todos los niños son así-.

2. Valida sus emociones. Cuando llore, abrázalo, dile que lo quieres y hazle sentir que no te molesta su reacción; al contrario, es muy valioso que un niño, de un modo u otro, exprese lo que siente.

3. Dale la oportunidad de conocer su nuevo entorno. Probablemente todo será amor y felicidad cuando tu bebé confíe en su miss e, incluso, empiece a quererla. Pero eso no es de la noche a la mañana, y menos si estás tú pegadísima a él en el aula. Ojo, no digo que no haya que estar presentes, si es necesario, durante los días de adaptación, sino que tienes que promover que tu niño se relacione con su miss, con sus compañeros; que los conozca, que se encariñe con alguien, que se maneje en el espacio de su aula y su patio de juegos… y, para eso, es mejor que no estés presente -si estás tú, no se abrirá nunca a su nuevo pequeño mundo-. Duele dejarlo, sí, pero darle la oportunidad de experimentar nuevos retos y madurar. Saldrá fortalecido, ya lo verás.

4. Maneja tu estrés y ansiedad. Por lo menos delante de tu chiqui, ponte en estado zen. Que no se dé cuenta de que te cuesta más que a él. Cuando lo dejes, en la puerta, llora todo lo que quieras… pero tampoco tanto. Te cuento: yo no creo en las cosas “extramundo”, pero la primera miss de Cristina me dijo, un día, que los niños percibían las emociones de su mamá incluso no estando físicamente cerca. Yo validé eso con mi mamá, me di cuenta de que -no sé cómo- siempre coincidía con que yo me sentía preocupada cuando a ella le pasaba algo. Entonces, a sonarse los mocos y volver al estado zen, la-la-laaaa.

Ojalá te -y me- sirvan estos consejos. Ah, sí: ármate de paciencia y de fe. Todo se pasa…

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