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¿Por qué tengo que jugar con mi hijo?

– Cris, ¿qué tal te fue en el cole?

– Bien.

– Y… ¿qué hiciste?

Silenciosamente, mi cincoañera desaparece.

Nos ha pasado a todos. Los niños no llegan a casa dispuestos a contar su día, salvo excepciones. Usualmente, hay que sacarles la información con cucharita.

Sin embargo, existe una herramienta de comunicación casi infalible: el juego. No me refiero a llevarlos al parque y leer correos o chequear Instagram mientras ellos suben y bajan del tobogán: no. Hablo de jugar con ellos, cumplir un rol, convertirnos en la hermana de Barbie, en el tren Thomas o en un arquero de fútbol.

En La Tarumba, cuando Cristina hizo el taller de verano, nos recordaron el tema con mucha insistencia y mucho sentido común: hay que jugar. Para un niño, es tan importante como comer o dormir. 

¿Por qué? Porque el juego:

  • Desestresa. Y, en ese ambiente de relax, el niño se puede mostrar tal como es, con sus talentos y sus cositas por mejorar: si tiene una aptitud muy grande para bailar, si es picón, si es muy bueno sumando, si no sabe compartir… Ojo: tienes que sacar tu niño interior para ponerte a su nivel, sin fingir que te estás divirtiendo porque ten por seguro que se dará cuenta. Concilia para ver qué les gusta a los dos y ¡disfruta!
  • Fomenta valores. Los peques aprenden a establecer reglas y respetarlas; a asumir retos; a ganar y perder. Conocen que la vida no es matemática, que existe el factor “sorpresa”… que experimentan emociones y que pueden razonar en base a ellas, contigo como guía. Una maravilla.
  • Promueve la empatía. A mí me pasa que justo cuando estoy muerta, Cris quiere que juegue con ella a algo para mí tan tedioso como ser Ana o Mikaela en su escuela de muñecas. Quizás suene cruel de mi parte pero yo prefiero ser sincera a jugar de mal humor: “Hijita, estoy cansada” (con cariño, claro). No ofrezco que lo haré al día siguiente porque no sé qué será de mi vida; la cuestión es que, de algún modo, logro su compasión y solo me pide que la acompañe en su habitación mientras ella arma el escenario, coloca a los personajes en su lugar, etc. Claro, luego de haberme relajado un rato, finalmente me animo un ratito -que para ella es ORO-. A lo que voy es que, de algún modo, hace que uno de los jugadores tenga en cuenta las circunstancias del otro, sin imponer su voluntad.
  • Conecta. Claro, si dejas el celular guardado para no estar mirando a cada rato las notificaciones de Whatsapp. Ten en cuenta que ese momento tienes que convertirlo en especial, porque ¡lo es!: estás mil horas en el trabajo y queda tan poco tiempo para disfrutar de lo más importante, ni se diga la conexión que se logra con ellos, el tiempo de calidad que se genera, la emoción que fluye entre unos y otros por compartir un rato juntos lo cual es ¡tan difícil hoy en día!

 

 

Plus: madres, padres, ¡los cuentos también cuentan! Dividamos los que usamos para hacerlos dormir y susurramos, y los que se narran en un momento especial. ¿Por qué no hacemos, una vez al mes, un cuentacuentos con efectos, luces, música o lo que tengas en casa?

Plus 2: si eres mamá, no le dejes ese papel solo a papá. Juega tú también, ¿acaso quieres que tu hijo te recuerde solo con mandil en la cocina o frente a la compu?

La vida nos gana y lo sabemos. Hoy es el momento de llenar la mente de nuestros chiquis de muy bellos recuerdos, de esos que marcan positivamente para toda la vida.

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