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¡Qué bueno que haya regalos en Navidad!

Para variar, siempre llega el 24 de diciembre y no he completado la lista de regalos que tenía prevista. ¿Paaaar quéeee? Porque, en vez de entrar a mi point de compras, Real Plaza Salaverry (ojo, ¡ahí hay también emprendedores!), me quedo mirando las revistas de crucigramas del quiosco que hay afuera… son una especie de adicción para mí, je.

Este 24, fui con mi esposo al centro comercial y había cola hasta para subir a la escalera. Por Dios. En fin, no puedo rajar mucho porque yo fui parte del tumulto consumista. Sí, consumista, ¿quién no se ha gastado una buena ración de la grati comprando regalos y autorregalos? No nos hagamos. Pero ¿saben qué? Hoy estuve pensando y me di cuenta de que todo este lío es maravilloso.

Soy católica y lo saben. Es decir, yo celebro que el Hijo de Dios, Jesús, vino al mundo para salvarnos del pecado a través de María y José. Una familia grandiosa, sin duda. Sin embargo, la tradición nos ha impuesto irremediablemente que esa celebración religiosa no quede ahí: hay panetón -que equivalen a cincuenta mil panes, bah-, pavo, luces -¡buena con la cuenta!- y regalos: para niños, para adultos, para uno mismo. Cabe la opción de vivir las costumbres más básicas con el fin de centrarnos en lo importante, baby Jesus, pero si baby Jesus nos trajo amor… los regalos son la oportunidad perfecta -es mi opinión- para imitarlo.

Ojo: no son lo más importante. Solo, creo yo, una herramienta. Repasa tus días de shopping: haces una lista de tus familiares y amigos, lo cual te da la oportunidad de recordar que ¡los tienes! Papá, mamá, la tía abuela que te cuidó de niño y no visitas nunca… e, incluso, los enemigos. Porque dijo Jesús, qué fácil querer al amigo, pero al que te hizo daño o simplemente te cae chinche… Créeme: una caja de Vizzio ya es una parte de cielo ganada.

Luego, piensas qué le puede gustar y ser útil a cada uno y eso, my dears, no es fácil. ¿Qué necesita? ¿Se acaba de casar y valorará más un juego de cubiertos que una cartera? ¿Tu abuelita viene deseando un cojín cervical y nadie se ha dado la chamba de buscar el indicado? Cuando tienes que regalar, piensas mucho, mucho, en el otro. Lo investigas, retomas contacto con él si lo habías perdido, aprendes a conocerlo más. Esto también es amor.

Finalmente, está la envoltura. No solemos entregar los regalos metidos en una bolsa de papel periódico. O compramos papel especial, o una bolsa de cartulina, o nos ponemos originales con papel kraft. Ese esfuerzo para que Fulanita se llene de ilusión cuando reciba su paquete es, sin duda, amor.

Por eso digo que se cumple, una vez más, que Dios escribe derecho en renglones torcidos. Aprovecha que las personas convertimos la Navidad en una fiesta de dinero y engorde para sacar lo mejor de nosotros: nuestra generosidad, creatividad, perseverancia… El punto es que hagamos todo esto con Él, con little baby Jesus y su familia. Para imitar su humildad, su cariño; para intentar hacer pasar una Nochebuena agradable a los nuestros con lo mucho o poco que tengamos (no es una cuestión de dinero, ¡es una cuestión de amor!); para preguntarles cómo hacer feliz a los demás en plena tienda. Y, claro, para recordar al mundo que el Bien venció y aún existe en la tierra, aunque poco lo veamos.

¡Feliz Navidad para todos!

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