Último día para hacer examen de conciencia sobre lo que hemos hecho bien y mal este año; y para planificar lo que queremos y debemos hacer el 2019.

Personalmente, me resulta una tarea agobiante: tengo muchas cosas en mi cabeza. Si pudiera, pagaría a un organizador de mentes (¡sí existen, hay una que me envía publicidad tooodos los días!), pero bah, yo puedo. Y tú también.

  1. Empieza por coger un lapicero y escribir algunos indicadores, por ejemplo: familia (¿he sido paciente todo lo que he podido? ¿me he interesado por los estudios de mis peques? ¿he tratado de que coman sano, sin exagerar? ¿he fregado mucho a mi marido?); trabajo (¿fui workaholic o salí siempre que pude a mi hora?); cuidado personal (¿he cuidado mi alimentación? ¿he hecho ejercicio? ¿me he hecho exámenes médicos de rutina?). Las respuestas te harán descubrir varios motivos por los cuales mereces un aplauso, y otros que son “temas por mejorar”.
  2. Los famosos “temas por mejorar” es la lista de proyectos en los cuales tienes que trabajar el 2019. Por ejemplo, yo me propuse el verano pasado que mis hijos aprendieran a nadar y no lo logré. Siendo realista, no sé si lo consiga este verano, pero me daré un plazo hasta julio. Es peor si uno se sobreexige, el fracaso no ayuda a avanzar.
  3. Anota también otros temas que has dejado pendientes el 2018: aprender un idioma, limpiar tus mamparas, donar ropa que ya no usas, renovar tu brevete.
  4. Olvídate de pensar que logro = éxito. Muchas veces, tan solo intentarlo ya es importante, porque no tenemos el control sobre todo, menos aún sobre la voluntad de las personas. Además, como le dije anoche a mi hija cuando me lloró “mamá, en el cumple de Rafa, las cosas no salieron exactamente como las había planeado”: “Cristina, cuando uno pone corazón y les pide las cosas a Papá Dios y a la Virgencita, las cosas no salen como lo programado, ¡salen mejor!”.
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