No más consejos, plis: dame un abrazo

No sé si por ser mamá me he vuelto más sensible que antes -una bomba de hormonas drama queen, más o menos-, pero últimamente valoro muchísimo cuando alguien hace un comentario positivo sobre mi chamba como madre. Cuando alguien pronuncia frases que no tienen un “pero” en el medio, que simplemente son y punto: “Eres buena”, “eres alegre”, “eres sacrificada”… sin ese “pero” que significa: eres buena, alegre, sacrificada, pero no tanto. Sin ese “pero” insatisfecho que exige perfección, que muchas veces friega porque le quita el brillo al talentito que, con mucho esfuerzo, y lágrimas, y autoculpa, y desculpa, y bla bla, lograste.

Mi tía Inés es de esas personas que no usa el “pero”. Al menos, con sus sobrinos manganzones como yo, no. El otro día hablé por teléfono con ella -qué rico es escuchar su voz, y qué odioso es el Whatsapp- y me dijo, como siempre, “¡hijita, cómo estás, cómo están los chicos!”. Luego, me levantó el cogote hasta que mi nariz tocó el techo, y deseé meterme en el celular para darle un abrazo y que me rascara la cabecita: “Hija, ahí te veo en el Face todo lo que haces con tus hijos… cómo trabajas y te das tiempo para jugar y reírte con ellos, qué trome”.

– Tía… ¿en serio?
– Claro, hija, lo que haces es muy valioso porque seguro llegas cansada, pero aún así haces cosas con ellos.
– Tía pero… la gente piensa que las mamás no debemos trabajar.
– Ay, hija, la vida es así, tú tienes que trabajar y haces lo que puedes y lo haces muy bien.

Pucha, de verdad que me quedé impresionada, congelada, conmovida, absorta. En esta sociedad desgraciada que solo sabe exigir, exigir y exigir; que juzga y prejuzga con impresionante descaro; que no promueve la conciliación trabajo-familia para que las madres y los padres podamos educar sanos y felices a los próximos líderes de las naciones… está mi tía Inés para dar aliento, ánimo, esperanza.

Vales más que la selección peruana de fútbol, tía Inés. Tú no solo mereces ir a Rusia: tú mereces ir al Cielo.

Día mundial del prematuro

Hoy me enteré de que existe un día dedicado a los bebés prematuros, imagino que para celebrar su fortaleza, sus ganas de vivir y su inmensa capacidad de despertar amor, emoción y esperanza en las personas. ¡Y justo es hoy!

Como algunos ya saben, mi segundo bebé, Rafael, nació prematuro: pesó 1.700 gr, ¡era una pulga! Cuando veo los pañales que usaba -que ahora son de las muñecas de Cristina, la mayor-, no salgo de mi asombro. ¿Cómo pudo ser tan chiquitito? ¿Cómo sobreviví a no poderlo llevar a casa, a dejarlo en UCI neonatal, a verlo entubado?

No es que quiera, masoquistamente, recordar y volver a sufrir. Es que quiero mantener latente todo lo que sentí y viví para poder decir a las mamás que pasan por esto: ¡Fuerza, campeonas, sí se puede!

Aun si quedan secuelas, tu bebé es un guerrero y está destinado para algo grande. Y tú eres ahorita una mujer resiliente, capaz de superar la adversidad y de amar muchísimo… porque ama más quien sufre más y lo hace con entereza y entrega. Cuántas noches no dormiste pensando si sobreviviría… cuánto te costó sacarte leche para dejarle alimento… cuánto te costó salir de la clínica con tus flores, pero sin tu tesoro chiquito…

Hoy mi Rafael es un muchachote. Heredó mis benditas alergias y se enferma siempre de los bronquios pero, ¡qué más da! ¡Vive! Es un peque alegre, travieso, inteligente… como es el tuyo, seguramente, mi querida guerrera.

Ya sabes: cierra los ojos, respira, y da gracias a Dios por la vida. ¡A celebrarla!

 

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Tips para la elección del nido

En mis épocas, se iba al nido cuando uno tenía 3 años. Tres, cuatro, cinco… y, luego, al cole. Ahora, el asunto se ha complicado un poco o, mejor dicho, bastante. La vida en la ciudad -mamá tiene que trabajar, no hay nanas de confianza, presión familiar, etc.- ha hecho que, muchas veces, debamos elegir nido incluso desde que nuestro bebé tiene 1 año. Horror.

El lado positivo: nuestro niño va adquiriendo habilidades desde muy pequeño. Lo negativo: se hace un forado en el bolsillo. ¡Son tan caros los nidos! Pero es la vida, pues: oferta y demanda. Lo terrible -aunque hay excepciones, claro- es que ni siquiera le pagan bien a las verdaderas heroínas, las misses. En fin, será tema de otro post.

Ahora sí, tips para que la elección del nido sea más acertada:

1. Debes ser consciente de que no hay nido perfecto. Tenerlo muy claro te ayudará a no agobiarte buscando una opción celestial.

2. Sondea primero qué hay cerca de tu casa. Cuando el nido está muy lejos, por más encantador que sea, quien sufre es el niño: deberá levantarse más temprano que sus compañeros; si va en movilidad, el camino será una tortura…  Si no hay un jardín bueno en los alrededores, evalúa si compensa mudarte cerca del que te gustaría para tu hijo.

3. Cuando veas uno que puede ser bueno, pide una cita y, además de informarte de temas como el precio, pide que te hagan un recorrido. Así, verás si los baños son limpios, si las profesoras son amables, cómo están cuidados los juegos…

4. Averigua qué metodología emplea -Montessori, Reggio Emilia, Optimist, etc.- y busca información sobre cada una. Recuerda: no hay nido perfecto, lo que también implica que no haya metodología perfecta. Lo importante es que la educación de casa y la del nido sean coherentes entre sí lo más posible.

5. Antes de decidirte por una metodología, puedes hacer el ejercicio de preguntarte: ¿Qué quiero yo para mi niño? En mi plan familiar, ¿cómo veo a mis hijos en el futuro? (mejor si responden esto mamá y papá). Por ejemplo, que sea independiente / o no, que aprenda por sí solo / o no, que sea deportista /o no, que reciba formación religiosa que complemente la de casa /o no, etc. Establece tus prioridades: primero, el deporte; segundo, la autonomía; tercero, lo intelectual… Eso te ayudará un montón a decidir.

6. ¡Muy importante!: el nido tiene que ser una especie de precolegio. Es decir, si tienes en mente un colegio determinado para tu peque (para elegirlo, puedes hacer el ejercicio presentado en el punto 5), ambos deberían tener la misma línea educativa. Para eso, ayuda ponerlos en el nivel Inicial del colegio -suelen tenerlo- y, si no puedes, al menos que el nido no sea totalmente opuesto. Por ejemplo: si quieres que tu niño estudie en un colegio de formación tradicional -memorística, poco interactiva, etc. -, no te mandes a ponerlo en un nido que fomenta el autoaprendizaje, la exploración. etc. porque cuando tu hijo empiece Primaria, estará en desigualdad respecto a sus compañeros. Tendrás que pagar nivelación y, el peque, cambiar el chip.

Espero que te sirvan estos pocos pero potentes consejos. A mí me los dio una experta y, por eso, te los comparto 🙂

¿Niños chusma?

Es casi impensable hoy en día, pero existe en la vida real el “no te juntes con esa chusma” de la inolvidable doña Florinda. Claro, no se dice tal cual, pero ocurre todos los días donde menos te lo esperas: en el cole de tus hijos.

Así, es, querida: nunca faltan mamás (ni papás) que le dicen a sus hijos con quién jugar y con quién no. Quizás tengan buena intención, pero yo lo siento tan… feo, sobre todo cuando son niños. Es cierto que hay algunos pequeñines que son bien terribles y, normalmente, buscan secuaces. Sin embargo, nada justifica que se les margine y, menos aún, que se les etiquete, ya que ellos no tienen la culpa. Las causas de una conducta incorrecta pueden ser muy variadas y, en todo caso, no es el niño quien se las inventa.

Estate atenta a lo que te cuente tu peque sobre lo que pasa en su salón, para que puedas, en la medida de lo posible y si es necesario, ayudar. Piensa en la mamá del chiquitín travieso: ¿Crees que es fácil para ella? Tal vez está vendiendo su riñón para pagar terapia psicológica y podría necesitar una palabra de aliento, en lugar de un chote colectivo.

Además, nuestros hijos tampoco son perfectos. Quizás no se escapan de clase ni le escupen al profesor, pero algún defectillo tendrán.

En serio. Recuerda que el ejemplo enseña: dale una lección de caridad, de comprensión, de solidaridad a tus hijos. ¿No es justamente de eso de lo que carece el mundo?

Mamá, que no te agarren de lorna

A veces, muchas veces, siento que la gente se aprovecha de lo vulnerables que somos las mamás con respecto a nuestros hijos. ¿No les ha pasado que, de pronto, se encuentran con un pediatra que les dice: “Pediasure es básico para que tu hijo crezca” (digo “Pediasure”, pero puede ser whatever). O que te mandan a terapia de lenguaje porque tu niña dice 50 palabras en vez de las 200 reglamentarias para su edad?

Y pienso, ¿pero, cómo logro que no me engañen? La respuesta sencilla podría ser: informándome. ¡Bien, claro!

No, no es tan fácil la cosa.

¿Cómo accedes a TODA la información? Incluso accediendo, ¿CUÁNDO la puedes leer, estudiar, procesar? Y peor aún: ¿CÓMO sabes que es verdadera? El otro día, me encontré en una librería con un libro del Dr. Estivill -sí, ese que dice que a los bebés hay que dejarlos llorar-. El título era “Niños descansados, niños felices”. Si no supiera quién es el hombre, lo hubiera comprado en one. Luego me fijé en el autor y, como si tuviera un resorte, salté a otro lado. No lo soporto -si tú estás de acuerdo con sus teorías, obvia el ejemplo, por favor-.

Un día me dijeron: como tienes más hijos, tienes más experiencia y ya no te pueden engañar tan rápidamente. Craso error. Cada niño es distinto y lo que vives con uno, no necesariamente lo vives con los otros. De hecho, no es lo mismo tener cierto recorrido a ser primeriza, pero continuamente estamos aprendiendo y moviéndonos en terrenos que siempre, por ley de vida, tienen algo nuevo.

Dándole vueltas al asunto, porque realmente soy muy sensible cuando me dicen “cosas” acerca de mis hijos, me encontré con algo que escribió un filósofo al cual sigo -aún vive y puedo interactuar con él por Facebook-: el miedo paraliza y te vuelve egoísta. Te concentras tanto en ti misma, en lo que estás sintiendo, que olvidas el objeto de tus miedos, en este caso, tus hijos. En lugar de investigar sobre si lo que te dijeron es real o, si es real, ver la manera de solucionarlo, te sientas a sufrir tu dolor.

¡Hey! No digo que no te sientes a procesar la cuestión, es necesario llorar un poco -si eso te da paz-. Si te dicen que tu niño es anémico, que tiene TDAH, que le pega a los compañeros del aula, es normal que te preocupes y pienses: ¿qué hice mal?

Pero que no te agarren de lorna. Que el miedo no te paralice ni haga que te mires al ombligo durante una semana. Que la persona que tienes en frente sepa que no dirás “amén” a la primera, que eres capaz de razonar, que buscarás una segunda opinión y que no puede aprovecharse de tu sensibilidad para sacarte dinero o, simplemente, hacerte sentir más empoderada que tú.

Mira otras opciones, pide referencias, conversa con otras mamás que probablemente estén pasando lo mismo que tú. Hazlo por tu familia, por tu paz mental y por que tus hijos crezcan verdaderamente sanos y felices.