Mis herramientas de antes del trabajo

“El tiempo corre, el tiempo no se detiene, el tiempo sigue su curso (…)”. Nunca olvidaré las narraciones de los partidos de fútbol que de chiquilla oía a través de RPP, donde además practiqué justo en la sección Deportes. Qué tiempos.

Y como el tiempo no se detiene, quienes tenemos que hacerlo somos nosotros, para pensar en cómo encajar 30 mil 405 actividades en el lapso entre que te levantas y sales coheteada a trabajar.

“Pero si se puede hacer en la noche”, piensa el mundo. No, no, mundo, error. No puedes preparar el jugo de plátano con leche en la noche, ni acostar a tu hija con el uniforme del nido para ahorrarte el cambio que se produce con llanto y rechinar de dientes. Todo tiene su momento y lo que es de la mañana, se le debe a la mañana.

Por eso, mi metódico marido ha definido casi con una X roja lugares estratégicamente claves, que señalan una hoja de ruta en la maratón Hidalgo Salazar de cada día. Y yo, antirrutina 100%, he escogido mis herramientas de trabajo a prueba de Cristinas.

1. Crema de peinar Loreal Kids

Mi hija tiene más de Bisbal que de Salazar. Qué rizos, Madre mía. Colchones Paraíso envidiaría esos resortes si los conociera. Ya imaginarán cómo se levanta en la mañana. Y yo que soy la mujer plancha de pelo (o moño apretado para no levantar sospechas de que se me pegaron las sábanas)… No temo. Tengo de aliada a la crema para peinar L`oreal Kids: me pongo un chorrazo en la mano, se lo paso por toda la cabeza y desenredo con un cepillo de esos que usan las princesas para peinarse 100 veces antes de acostarse. ¡Tarán! Un par de coletitas y ya está. Importante: para que aguante los 5 minutos que dura el proceso, la distraigo con algún cuento mientras le digo que la belleza cuesta, hija mía…

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2. La tenida básica

Uno puede escoger la ropa desde la noche, pero siempre existe la posibilidad de que en la mañana los planes se arruinen: te ves gorda con esa falda, a tu marido se le cayó un botón, se derramó la leche, etc. Para esas situaciones de emergencia, está el outfit salvador, ese que causa envidia en la chamba, aunque tú sabes que está más percudido que polo de pescador con tanta lavada que le das. Está compuesto por pantalón negro, blusa blanca o turquesa, saco negro (el único que me queda luego del postparto, aunque ya pasaron casi 2 años, buah) y zapatos negros de taco. Ya sé, mucho negro, pero el contraste de la blusa lo hace ver elegantoso, pruébenlo 😉

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3. Cartera cálida y cartera fría

Nos encanta lucir carteras. Al tiempo no. ¿Se imaginan trasladar perro, gato y pericote todos los días de un lugar a otro? No hay forma. Entonces, ten a la mano tus dos básicas: la que usarías para tenidas de colores cálidos (una marrón o naranja oscuro, por ejemplo) y una para las de colores fríos (rosa, morada, turquesa). La infaltable negra también es bombera, pero salvo que tu outfit sea muy alegre, podrías pasar por mujer triste ¡y eso no puede ser! Importante: el uso de neceseres. Cuantos más, mejor: uno para el maquillaje, otro para las llaves y chucherías por el estilo, y otro para el celular, usb, fotocheck etc. Dato: En “La Vitrina”, cuadra 2 de Shell, venden unos hermosos a 13 soles.

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4. El botiquín indispensable

Te compraste zapatos nuevos y te salió una ampolla durante los diez minutos que te tomó preparar el desayuno. Encima, tu peque sudó como chanchito en la noche y le salió un sarpullido bravo. Para colmo, notas que su barriga está dura y que pronto dirá “lele panzaaaa”. Ni hablar. En uno de los neceseres ya mencionados, incluyo: curitas, Gaseovet o la marca que toque y Cicaplast de La Roche-Posay. Esta última es una bendición. No tiene un efecto instantáneo, sobre todo si el peque se ha rascado con furia, pero es lo único que me ha funcionado para Cris. A ella le sale en todo doblez de su cuerpo: cuello, antebrazo, debajo de la panza… Hasta que la encontré y santo remedio. Además, es tan suavecita que Cristina misma se la pone y al final suspira.

Cicaplast La Roche-Posay

Finalmente, yogurt bebible de vainilla, tamaño grande. Si por A o B no hay tiempo para el desayuno nutritivo, nos llena la panza de calcio y algunas vitaminas a los tres.

Con esto, entramos al ascensor con la sonrisa de una millennial familia Ingalls.

Féminas femeninas

Soy mujer pero nunca he sido del todo “femenina”. Los modales suaves y coquetos nunca fueron lo mío. Incluso, cuando era chiquilla, me gustaba vestir de negro, camiseta de Nirvana, Converse en las patitas y a pasear. Luego, cuando entré a trabajar a una empresa de cosméticos, me fui “reformando”, aunque no del todo. Pero, al menos, aprendí a arreglarme y a apreciar la belleza que tenemos todas las mujeres.

Alguna de ustedes me dirá: yo sé perfectamente qué ponerme. Me gustan las botas, los jeans rotos y cero maquillaje. Todo al natural. Eso no me hace ni más ni menos mujer, porque mi valor es intrínseco, no dependo de ningún modelito de Carolina Herrera. Es cierto, las personas valemos muchísimo por el simple hecho de ser personas, pero… las mujeres y los hombres somos distintos, tenemos características no solo físicas sino fisiológicas que nos marcan. Y la apariencia, a mi entender, debería tener al menos un poco de coherencia con lo que somos: sensibles, intuitivas, detallistas, entregadas…

Por eso me aficioné a la moda, no la de pasarelas sino la del día a día. Sí, la de Stacey & Clinton, ese buen par de Discovery Home & Health que te da consejos sobre cómo vestir según tu cuerpo, qué es casual y qué es elegante, qué corte de pelo y maquillaje le va bien a tu rostro… reconozcámoslo: estamos en un momento de la historia donde los parámetros de armonía no son del todo claros y necesitamos ayuda si no queremos quedarnos en nuestras propias etiquetas.

A la forma de vestir, hay un añadido que nunca había percibido con claridad, hasta que ayer me encontré con una amiga, la cual me dio muchas pistas: los modales. Ella ha empezado una marca para mujeres llamada “Gil París”, que quiere rescatar los valores que la vida loca nos ha hecho perder un poco.

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Fui a su casa y, de pronto, me encontró parada con las piernas abiertas. Me dijo: “Cierra las piernas”. Al comienzo pensé: “¿Y qué más da?”, pero me hizo verme en un espejo de cuerpo entero y la verdad, me veía horrible. Luego me enseñó unas joyas que había diseñado y, al ver cómo se veía todo tan delicadito en las manos, me animé por un par de cosas.

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Algunas pulseras de Gil Paris

 

Bisutería fina Gil Paris

No quiero caer en extremos -todas tenemos un lado rudo que es necesario en la vida-, pero a veces creo que deberíamos cultivar el “ser femeninas” un poco más. No puede ser tan difícil, está en nuestra naturaleza. La que lo logre más rápido, me avisa 😉

 

Mi mini chiquivieja

La primera vez que fui a Zara Kids, casi me desmayo. Los maniquís de peques estaban vestidos con ropa que quería ¡para míiii! Demasiado linda, demasiado cool, unas tenidas recontra tiernas, prácticas, libres. Me encantó. Husmeé todo pero solo pude comprar lo que mi conciencia me dictaba: unos hermosos botines talla 19 para el invierno 2014 de mi Cris (no sé si les pasa, pero desde que soy mamá no me interesa comprarme ropa… ¡todo lo quiero para la peque!).

Cada fin de semana, me esmero en vestirla lindo. Es mi momento con ella, es cuando puedo vestir a mi muñeca viviente. Y me fluyen las ideas. Y mi tendencia, que sé reforzó con aquel shock emocional en Zara, es vestirla como una mini mujercita. Me encanta verla con su jean, correa, alpargatas, cola de caballo de 2 cm de largo (en realidad son como 10 cm pero como es súper rizada, se le encoge todita, jaja). Alguna vez conocí una marca que hacía blusas para mamá – hija, hermosas pero caras. Por eso, me basta con convertirla en mi alter ego de la moda, en cómo me gustaría vestirme yo, que disfruto más ver en ella.

El domingo último apliqué pañuelo carambolita de Carambola (choreado de la abu), gancho 3 en 1 en forma de flor andaluz-colombiano de Little Princess, y las mencionadas botitas. ¡¡¡Me quedó de rechupete!!!! Una hipster en potencia…

Cristina con botas de Zara Kids, pañuelo de Carambola y gancho de Little Princess
Cristina con botas de Zara Kids, pañuelo de Carambola y gancho de Little Princess

 

 

Los pañuelos son mi pasión así que… ella también tiene el suyo. Obvio, de Carambola.

pañuelo de Carambola para bebé
El pañuelo de Carambola le hace la tenida espectacular, je.

 

En invierno, el protagonista fue su abrigo de tía marca Baboo. Claro, en un tono celeste tierno.

Súper abrigo de Baboo
Súper abrigo de Baboo

Para dormir, la convertí en Annie. Hasta los rulos tenía, jeje… el camisón de Bleu Ciel fue demasiado.

Camisón de dormir de Bleu Ciel, ¡tan lindo que lo usaría para la calle!
Camisón de dormir de Bleu Ciel, ¡tan lindo que lo usaría para la calle!

Un look urbano de invierno no podía faltar… nuevamente, gracias a Baboo, lo conseguí.

Bufanda practiquísima de Baboo
Bufanda practiquísima de Baboo

La última adquisición es un enterizo que seguro ha aparecido en algún catálogo de verano 2015… pero yo lo encontré en talla 2 años, gracias a Pixie, jiji…

El que compré fue el de la izquierda :)
El que compré fue el de la izquierda 🙂

 

No vayan a pensar que me tiro la plata del mes en ropa para mi hija, noo… familia ajustada somos :s . Pero siempre hay un guardadito con el cual, teniendo básicos, se puede jugar y hacer mil combinaciones y cositas.

De hecho, es también muy lindo ser tradicional: vestiditos de princesas y monadas bellas por el estilo. También, gracias a muchas herencias, tenemos alguito 🙂 . Pero yo prefiero, la verdad, dejar volar mi creatividad y hacer de mi Cris una mini chiquivieja, je.

De blogueras, tutús y mamás felices

Mi marido resopla cuando lleno la agenda de los fines de semana. Sueña con quedarse los dos días tirado boca arriba sobre el piso de juegos de Cristina, con ella revoloteando alrededor y yo, mirando la tele. O sea, sueña con no hacer nada y la cosa queda ahí, porque tempus breve est y hay que ganarse el Cielo y el pan.

Sàbado 18 de octubre, súper planificado para la fiesta que el grupo Mamás Blogueras Peruanas, al que tengo el orgullo de pertenecer, había organizado para conocernos y que nuestras familias disfruten una fabulosa tarde. La cita fue en Small Place, de Santa Cruz. Primera vez (y no será la última) que iba, es un sitio small, efectivamente, pero tiene todo para que los peques se diviertan. Mostro, me gustó. Realmente, fue una gran idea de las organizadoras, porque pudimos conocernos cara a cara al fin -al menos yo, que me he vuelto medio desastre para los eventos- y comprometernos a juntar esfuerzos para dejar huella en la sociedad. Guau, qué solemne soné… eso es lo que hace estar #UnidasdeCorazón.

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Se podía ir a la fiesta con los niños disfrazados. Siempre odié Halloween, para mí 31 de octubre es el Día de la Canción Criolla y punto, pero la verdad es que es deli ver a Cristina disfrazada. El año pasado, cuando tenía 6 meses, mi hermana -su productora- le consiguió un traje de flor. ¡Qué linda se veía mi chola! Esta vez, recurrí nuevamente a la manager. Nada de princesas ni vainas, algo original. Como mi chanchis ahora anda con Pica Pica por anglas y por mangas, quisimos vestirla de Belén Pelo de Oro. Mucha, plata, sister, otra cosa. Google corazón. Click, click, Gallina Pintadita, la primera super star de su vida. Un body estampado, un tutú con pintas, un súper gancho… ¡listo!

Para mi buenísima suerte, el sábado anterior a la cita con mis correligionarias blogueras, mis entrañables amígas emprendedoras me habían invitado al coctel de presentación del primer pop up store del Perú, abierto por ellas, claro -son unas tigresas esas chicas, y tienen un corazón tan grande que me instalaría allí todos los sábados-: El Oasis de Nómada. Como es una tienda multimarca de la que les contaré pronto, conocí a nuevas panas de esas que te enganchan para siempre: las venezolanas Amelie y Yarnil de Little Princess.

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Su marca es de accesorios para niñas, pero créanme que pasé media hora divertidísima con ellas probándome cositas (como la vincha de dos flores de la foto) y por supuesto, mirando ganchos para Cris. A propósito de eso, les conté del disfraz que quería hacerle a mi gordis y me dijeron que ellas ¡hacían tutús y ganchos personalizados! Lo máximo, gol de penal en el último minuto, teniendo en cuenta que mis días últimamente duran 30 segundos y con las justas podría ver lo del body.

El alter ego de la Gallina Pintadita quedó así:

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Qué delicia verla andar con su tutú paradito, que no se quitó en toda la tarde y que volvió a usar hoy en la mañana. Mi hija de año y medio no podía más con nueva faceta. Y yo, no podía dejar de contarles lo feliz que me siento de ser mamá.

De KFC a la Bioferia

Todos tenemos momentos de lucidez en la vida. Respecto a la alimentación de mi familia, yo he tenido pocos, quizás lucecitas de linterna que me han movido a hacer algo respetable, pero insuficiente.

Si de por sí la alimentación de un hijo es de interés nacional para uno, imagínense tener que ocuparse también de la del esposo. Mi marido adoptó el oficio de fakir (al menos en el desayuno) en cierto momento y claro, compensa el vacío existencial con Coca Cola al mediodía. Y yo, pues todo lo que sea llenar el buche lo considero “bueno”.

Como uno de mis lemas vitales es “todo es para bien”, hoy ocurrió uno de esos “bien”. Resulta que ayer Cristina amaneció con mucha tos. Durante el día se fue empeorando la cosa, con una tos más persistente y mocos por litros. Le di el jarabe que me recetó el pediatra, su “pish pish” (un spray descongestionante de nariz), Panadol infantil y a esperar, los procesos gripales son así.

En la noche, fui a dictar el taller de maquillaje a La Casa de la Tata y mientras caminaba hacia allá, chateé un poco con Cata, de Añañau Niños. Me contó que Virginia, de Mamá de Mente Verde (mejor hubiéramos hecho una llamada tripartita bloguera, ¿no? jaja) había intentado todo con su peque para que se mantuviera sana (la prevención es el éxito) y finalmente repitió su fórmula: propóleo con miel.

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En ese momento vi la luz, que ya no era de linterna sino de quirófano: tenía que ser más hija de madre natura, mucha chatarra había dejado entrar en casa.

Coincidentemente, el viernes estuvimos disertando con una amiga acerca de las malas noches, de las leches, del DHA… y me sorprendió que me dijera: Yo le doy Nido Crecimiento en polvo, que no tiene DHA, y el DHA se lo doy a través del aceite Primor. Pasu. Jamás se hubiera ocurrido hacer esos cálculos (ni fijarme en los componentes de la leche).

Hoy, domingo, me fui a la Bioferia del mercado de Surquillo. Como nunca antes (siempre consideré que todo era muy caro, allí y en Reducto), me sentí en el paraíso. Sentí que el tiempo y el dinero estaban siendo bien empleados. Y para broche de oro, me encontré en un stand de yogurt natural a un chico que fue mi alumno cuando estuvo en la universidad, el cual me contó cuál le daba a su bebé en lugar de fórmula porque era altamente nutritivo.

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Confieso que quizás nunca deje las hamburguesas o el pollito del señor bigotón. Pero ha sido, creo, un gran comienzo para un estilo de vida donde se come con la boca… y con la cabeza.